Este es Jesús el Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espíritu es la verdad. 1ra. Juan 5:6

El bautismo, o inmersión en agua, que nosotros practicamos no siempre fue de la misma forma como lo conocemos actualmente. Fue establecido y promovido por Juan el Bautista y conocido como el bautismo de Juan,[1] También se le conoció como bautismo de arrepentimiento.[2] Posteriormente se estableció como bautismo en Jesús, que es como lo conocemos actualmente.

El bautismo no fue un elemento extraño para quienes lo recibieron de parte de Juan el Bautista. La razón de por qué el pueblo no tuvo reparo de someterse a su práctica, aparentemente nueva, fue porque su principio básico se encuentra contenido en la ley de Moisés.

El bautismo en agua es una extensión de la práctica mosaica de purificación. Queda de manifiesto en la descripción que el autor del evangelio de Juan presenta sobre la pugna suscitada entre los judíos y los discípulos de Juan el Bautista por precisamente el incremento de bautismos, actividad a la cual se sumó el mismo Jesús junto con sus discipulos:

Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba. 23 Y bautizaba también Juan en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. 24 Porque Juan, no había sido aún puesto en la cárcel. Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Juan 3:25

De hecho, en el relato que el mismo apóstol Pablo hace de su conversión, y de cómo fue instruido por un discípulo de nombre Ananías, Pablo describe el bautismo como lavarse de los pecados:

Entonces un Ananías, varón pío conforme a la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, 13 Viniendo a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella hora le miré. 14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca. 15 Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. 16 Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre. Hechos 22:12-16

El rito de la purificación es el tema que predomina en la ley Mosaica. Era requerido para todo el pueblo, necesario para garantizar que Dios habitara en medio de ellos. Hay que recordar que el pueblo fue declarado por Dios como pueblo santo. Esta es la razón de ser del rito de la purificación:

Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos, para que seáis míos. Levítico 20:26

 

Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. Deuteronomio 7:6

 

Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo singular de entre todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. Deuteronomio 14:2

 

Porque Jehová tu Dios anda por medio de tu campo, para librarte y entregar tus enemigos delante de ti; por tanto será tu real santo: porque él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti. Deuteronomio 23:14

La purificación en agua es establecida rigurosamente a los sacerdotes. Es la condición necesaria para poder ministrar limpieza espiritual al pueblo. En el libro de Éxodo se lee la instrucción particular dada a los sacerdotes:

También se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su simiente por sus generaciones. Éxodo 30:21

De igual manera, toda ofrenda presentada en los diferentes sacrificios, debía lavarse con agua previo a ser quemado en el altar:

Y cortarás el carnero en pedazos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza. Éxodo 29:17

En las instrucciones de Moisés al pueblo tocante a las impurezas o inmundicias, se destaca oportunamente que para resolverlas debían lavarse ceremonialmente con agua:

Lavará sus vestidos y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde; y se limpiará. Levítico 17:15

Todo tenía que ser lavado con agua, era parte del protocolo de purificación y limpieza:

23Todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse: mas haréis pasar por agua todo lo que no aguanta el fuego. Números 31:23

Leemos, incluso, que la primera señal de su mesianismo, Jesús utiliza seis tinajuelas de piedra para agua, conforme a la purificación de los judíos.[3]

Estaba tan integrado en la idiosincrasia social y religiosa del pueblo, que a razón de ello, los escribas y fariseos cuestionaron a Jesús de que sus discípulos comían sin lavarse las manos.[4]

Es en ese contexto donde surge el bautismo en agua. La tarea de Juan el Bautista fue establecerlo como una extensión publica del ritual que hasta ese momento se ejecutaba en privado. La diferencia que Juan estableció con respecto al rito de la purificación fue que el bautismo en agua se consideró suficiente uno solo para toda la vida, a diferencia del rito que exigía que se practicase cuantas veces la persona incurriera en contaminación.

Pretendía ser una convicción de arrepentimiento alejándose de su valor ritual mosaico. Lo observamos en el momento cuando Juan les demanda frutos dignos de arrepentimiento a los escribas y fariseos que venían a él para ser bautizados.[5]

El bautismo en agua tuvo el aval de Jesús, pues las Escrituras dan testimonio de que Él vino a Juan para ser bautizado por él.[6]

Más adelante, incluso, tenemos referencias de que los discípulos de Jesús se sumaron a la práctica de bautizar a quienes a él venían:

DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan, 2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3Dejó a Judea, y fuése otra vez a Galilea.    Juan 4:1-3

Sin embargo, el bautismo de Juan sólo fue un elemento de transición, como bien el apóstol Pablo explica, entre tanto se manifestaba el Mesías:

Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es a saber, en Jesús el Cristo. Hechos 19:4

La decapitación de Juan el Bautista por parte de Herodes el Tetrarca,[7] el retiro de Jesús a Galilea, y el incremento de la persecución de los fariseos, hizo que el bautismo en agua no fuera más la tendencia del momento, hasta que reapareció más tarde como parte de la doctrina de Cristo, luego de la ascensión de Jesús.

Pastor Montoya

Twitter: @pastormontoya

Tel. (407) 764-2699

www.ministerioscristorey.com

pmontoya@ministerioscristorey.com

[1] Juan 21:25; Hechos 19:3

[2] Marcos 1:4;Lucas 3:3; Hechos 13:24; 19:4

[3] Juan 2:6

[4] Mateo 15:2

[5] Mateo 3:8; Lucas 3:8

[6] Mateo 3:13-16

[7] Mateo 14:8

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s