NO haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella: porque yo soy Jehová vuestro Dios. Levítico 26:1

 

Nuestras ciudades, principalmente aquellas que han sido constituidas como cabeceras municipales, están diseñadas respondiendo a la intención de sus fundadores de dejar plasmada en su seno la filosofía que los llevó a constituirse como pueblo.

Los diseños que las distinguen, y que las han llevado a caracterizarlas en la historia, no son solamente un diseño urbanístico ambiental futurista, son la huella dactilar de la filosofía que sustentaron sus fundadores.

A pesar de que las disposiciones urbanísticas españolas de los asentamientos urbanos en América exigieran ciertas normas de diseño, muchas ciudades insulares y continentales solo las consideraron parcialmente, y tan pronto como se independizaron crearon una autonomía filosófica y religiosa que los llevó a desarrollar asentamientos singulares.

Se trata de mapas teosóficos que trazan sobre la ciudad, y principalmente a sus moradores residentes, un orden filosófico-religioso-espiritual que acondiciona el tipo de vida que se vivirá dentro de su seno.

Es así como tenemos en nuestros días las plazas de armas, las plazas conmemorativas y las de recreo, como un símbolo idolátrico levantado para identificar la generación que se estableció en esa ciudad.

La plaza de armas, otrora la plaza principal, en cuyos alrededores se erigían la catedral, el cabildo, la fortaleza militar y el comercio, símbolos del poder eclesiástico, militar y comercial, es hoy en día en la mayoría de las ciudades, el emblema del grupo que gobierna en la ciudad.

Las plazas de armas se construyeron como espacios abiertos donde se desarrollaba las actividades sociales, era el centro de reunión de los habitantes que la conformaban, y el sitio utilizado por el gobierno del lugar para comunicar los asuntos de vida de la región.

Con el tiempo se construyeron en ella elementos extraños, uno de ellos fueron las fuentes. No todas las plazas tienen fuentes. Una fuente en una plaza indica que el grupo que gobierna la ciudad es masónico, pro-masónico, religioso-santero, brujo-místico-espiritista, o gótico medieval.

La forma del diseño de la fuente dirá qué grupo específicamente es el que gobierna la ciudad.

Una fuente en forma de circulo puede indicar que el grupo es uno de tipo religioso-santero; una fuente en forma de estrella tiende a un grupo brujo-místico-espiritista; mientras que una fuente en forma de cruz, sola o conformada junto a un circulo, nos dirigirá a identificar a un grupo masónico, o pro-masónico.

El elemento dentro de la fuente también es importante. El elemento en su interior será determinante en los casos en que una misma forma de diseño sea utilizada por dos grupos diferentes.

Otros elementos tales como árboles, estatuas o bustos, le agregan valor a los emblemas de los grupos gobernantes. Los arboles indican pactos, alianzas, le otorgan vida, o periodos de vida, de los grupos gobernantes. Los bustos o estatuas en su seno establecen una norma, una escuela.

Las plazas conmemorativas, y aun las de recreo, son anexos de la plaza mayor. El trazo de todas ellas dibuja una constelación, similar a las que vemos dibujadas en los cielos durante la noche.

El otro elemento que traza mapa de los grupos que gobiernan en la ciudad son sus edificaciones. Una construcción humana es símbolo de rebelión, de rebeldía.

La primera construcción de la que tenemos noticia es la que se describe en el capítulo once del libro de Génesis. La intención de llegar al cielo es un acto de rebelión que queda plasmada en la construcción que edifican.

3Y dijeron los unos a los otros: Vaya, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 4Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo. Génesis 11:3,4

La altura de las edificaciones indica la altivez y arrogancia de los grupos que dominan en la ciudad. No todos los edificios se construyen altos, pero los que sobresalen lo hacen con el propósito de mostrar quien tiene supremacía en la ciudad.

Las edificaciones de una ciudad son símbolos de la gloria del grupo que gobierna. Los discípulos muestran con orgullo nacional las edificaciones del Templo,[1] un templo que representaba la gloria de Herodes construido en cuarenta y seis años,[2] no con las mismas dimensiones del templo original.

Las edificaciones dentro de una ciudad, y a quienes les pertenece, son una forma de trazar mapa de la teosofía que predomina, de los grupos que la gobiernan, y del destino que estos grupos han trazado para los habitantes de la ciudad.

Hay un gobierno filosófico, mágico, espírita, esotérico, hechicero, sobre la ciudad, y muchos lo ignoran. Y lo peor aún, que las comunidades de fe constituidos dentro de ella son arrastrados por caminos no bíblicos, y no se percatan de ello.

Sucede según descrito en el libro del profeta Ezequiel, de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas.[3]

Es un estupor que ha entrado y se ha establecido en las comunidades de fe, un conformismo, que solo busca la multiplicación numérica y la construcción de grandes edificaciones, en la misma línea y estilo de los grupos teosóficos que gobiernan la ciudad.

No hay quien diga, Restituid.[4] Muchas de nuestras ciudades se dirigen en la misma dirección de Sodoma y Gomorra, y no tanto porque se practique en ellas el mismo pecado de aquellas, sino porque la voz profética de las ciudades ha sido apagada, y no ha habido quien advierta del mal que pesa sobre nuestras ciudades. Se cumple lo que el profeta Ezequiel advirtió sobre Jerusalén:

Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Ezequiel 22:30

¡Que se levante la voz profética! ¡Que se levanten los atalayas!

Dios Todopoderoso, Creador y Sustentador nuestro. Aviva tu obra en medio de los tiempos.

 

 

Pastor Montoya

Twitter: @pastormontoya

Tel. (407) 764-2699

www.ministerioscristorey.com

pmontoya@ministerioscristorey.com

[1] Mateo 24:1; Marcos 13:1; Lucas 21:5

[2] Juan 2:20

[3] Ezequiel 13:18-20 (VRV60): 18 Y di: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ay de aquellas que cosen almohadillas a todos codos de manos, y hacen veletes sobre la cabeza de toda edad para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida? 19 ¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando las almas que no mueren, y dando vida a las almas que no vivirán, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira? 20 Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra vuestras almohadillas, con que cazáis ahí las almas volando; yo las arrancaré de vuestros brazos, y dejaré las almas, las almas que cazáis volando. (VRVA).

[4] Isaías 42:22

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