3No os engañe nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4Oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, o que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios. 5¿No os acordáis que cuando estaba todavía con vosotros, os decía esto? 6Y ahora vosotros sabéis lo que impide, para que a su tiempo se manifieste. 7Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide. 2da. Tesalonicenses 2:3-7

La iniquidad es definida en la Biblia como la actitud y actividad de levantarse en contra de otra persona. En el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín, se destaca en el relato que Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató.[1] La definición de este acto de levantarse en contra de Abel es definida por el mismo Caín como iniquidad, cuando él mismo admite: Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi iniquidad para ser perdonada.[2]

La definición se extiende hacia Dios, en el texto de la segunda epístola a los Tesalonicenses, porque cuando alguien se levanta en contra de su hermano, se levanta en contra de Dios. Lo vemos claramente explicado en los siguientes textos:

Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios. Hechos 5:39

Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios. Hechos 23:9

Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. Romanos 13:2

¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su señor está en pie, o cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle. Romanos 14:4

El misterio de iniquidad es la operación satánica implantada sobre la tierra para promover en el hombre y la mujer, principalmente en los hijos de la fe, una actitud de levantarse en contra de su hermano, y en contra todo aquello que le sugiere autoridad.

La iniquidad se ha arraigado en el corazón del hombre y de la mujer, y se procrea en iniquidad. Es una operación muy sutil de la cual el hombre y la mujer de fe no se percatan, porque se presenta en forma de comentario, de señalamiento, de crítica constructiva, de derechos personales que se defienden. De muchas formas asolapadas.

Es la iniquidad —la rebeldía en el corazón del hombre—la que genera la violencia que azota, y asola, muchas de las ciudades que actualmente habitamos.

En el texto del libro de Génesis observamos que justo cuando Caín admite su pecado, reconoce también que en algún momento alguien le matará de igual forma como él mató a su hermano: y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.[3]

Caín engendró una generación con rebeldía en sus corazones, y Lamech, tataranieto de Caín, operó en la arrogancia de establecer la iniquidad como el estilo de vida de su casa: 23Y dijo Lamech a sus mujeres: Ada y Zilla, oíd mi voz; Mujeres de Lamech, escuchad mi dicho: Que varón mataré por mi herida, Y mancebo por mi golpe: 24 Si siete veces será vengado Caín, Lamech en verdad setenta veces siete lo será. [4]

La violencia en nuestras ciudades no es el resultado de crisis sociales, de conflictos económicos, de marginación de grupos; es el resultado de rebeldía arraigada en el corazón de hombres y mujeres, que establecen como el caso de Lamech estilos de vida personales e individualistas, en completa oposición a lo dispuesto en el corazón de Dios.

Fue la violencia, precisamente, la que provocó que Dios dispusiera raer los hombres de sobre la faz de la tierra. La tierra estaba llena de violencia.[5]

Pero no solo es la rebeldía del corazón de los hombres y mujeres alejados de Dios la que provoca la violencia en nuestras ciudades; sino mas, y sobre todo, la rebeldía que se ha pegado al corazón de hombres y mujeres de fe, porque por ella Satanás obtiene derecho legal para poder operar con libertad en las ciudades violentadas.

La definición dada por el escritor de la epístola a los Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo, que lo que se ve es hecho de lo que no se veía,[6] no solo sirve para explicar cómo fueron formadas las cosas materiales siguiendo el modelo de las cosas espirituales, sino que nos permite también entender, y establecer, que las situaciones evidentes que aquejan a una ciudad —esposo o esposa infiel—surgen a partir de lo que se ha establecido en el corazón de hombres y mujeres fieles, posicionados allí por Dios para que santifiquen la ciudad.

El establecimiento de la revelación en Jesús, de que los hombres y mujeres de fe son la sal de la tierra, autentica la doctrina predicada por el apóstol Pablo: así como el esposo o esposa fiel santifica al conyugue infiel, son los hombres y mujeres de fe los que santifican la ciudad donde son ubicados por Dios. Es la sal de la alianza la que detiene los juicios de Dios sobre las ciudades:

Y sazonarás toda ofrenda de tu presente con sal; y no harás que falte jamás de tu presente la sal de la alianza de tu Dios: en toda ofrenda tuya ofrecerás sal. Levítico 2:13

Un corazón de un hombre o mujer de fe invadido por la iniquidad, rebeldía, rebelión y oposición a lo que Dios demanda para una región es lo que potencia de las distintas situaciones adversas que Satanás usará para oponerse y levantarse en contra de Dios mismo.

Es precisamente el apóstol Santiago quien estableció que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Santiago tiró por tierra la idea religiosa de que los conflictos personales y sociales que confrontamos son producidos y permitidos por Dios; es el hombre y la mujer de fe quienes los avivan con los elementos de iniquidad que se han establecido en su corazón: Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta a alguno.[7]

La concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte. Lo que vemos en nuestras sociedades en forma descontrolada, y en cantidades desmedidas, es potenciada por la rebeldía que se ha arraigado en el corazón de hombres y mujeres de fe. Rebeldía a los procesos de Dios, y a lo establecido por Él.

¿Cómo es posible? —preguntaría alguien, si se supone que ellos deberían bendecir las familias de la tierra. Precisamente por ello es que la rebeldía en el corazón de un hombre o mujer de fe puede potenciar la violencia en nuestras ciudades.

Lo explicamos de la siguiente forma: Pablo le explicó a la comunidad de fe de Corinto que el hombre y mujer de fe tienen la capacidad espiritual de santificar al conyugue infiel: Porque el marido infiel es santificado en la mujer (fiel), y la mujer infiel en el marido (fiel).[8] Ahora, revisemos: ¿Qué sucede si la mujer o el hombre de fe (fiel) permite que se arraigue en su corazón la rebeldía? Su capacidad de santificar se verá menguada, y por el contrario, su capacidad de santificar será cambiada por la capacidad de alimentar la violencia que ya forma parte del estilo de vida del hombre y de la mujer infiel.

Otra forma de examinarlo es siguiendo la capacidad de bendecir que el hombre y mujer de fe recibió a través de Abraham, de que en él serian benditas todas las familias de la tierra. Si en el hombre y mujer de fe se arraiga la rebeldía, rebelión e iniquidad, su capacidad de bendecir será maldición y se convertirá en el motor que potenciará la violencia de aquellos que están alejados de Dios. Está establecido en el libro del profeta Malaquías:

Si no oyereis, y si no acordareis dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no lo ponéis en vuestro corazón. Malaquías 2:2

Así que, la violencia de nuestras ciudades y comunidades, solo es la evidencia de la iniquidad que se ha arraigado en los hombres y mujeres de fe de tales comunidades.

Iniquidad es un comentario adverso hecho a una persona de un tercero en ausencia de éste. Es una crítica constructiva; es una difamación; es no permitirle a alguien la oportunidad de defenderse ante los señalamientos de otros, y darlos por válidos.

Iniquidad es levantarse contra el hermano. Jesús destacó que cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.[9]

Iniquidad es no tolerar al hermano, es creerlo inferior e incapaz de realizar las mismas cosas que nosotros hacemos. Jesús sufrió la rebeldía aun de sus mismos discípulos, uno de ellos lo denigró a tal grado que no creyó que de su comunidad saliera algo bueno.[10]

La iniquidad —la rebeldía en el corazón del hombre— es oposición a lo dispuesto en el corazón de Dios. Jesús estableció la forma de medir la rebeldía en el corazón de un hombre y mujer de fe, cuando dijo:

8 Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos. 9 Y vuestro padre no llaméis a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. 10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado. Mateo 23:8-12

Según esta regla, iniquidad —rebeldía en el corazón— es la tendencia a desarrollar seguidores (fans); la tendencia a destacar los logros personales para ser admirados por otros; la arrogancia de no permitir que otros consiervos nos enseñen, y creer que no los necesitamos; creernos únicos y exclusivos, y arrogarnos derechos sobre la revelación.

¿Hay iniquidad —rebeldía— en el corazón de hombres y mujeres de fe?

¿Qué de lo que dijimos que Dios no habló? ¿Qué de lo que hicimos que Dios no nos mandó a hacer? ¿Qué de lo que certificamos como bueno que Dios había descartado? ¿Qué de lo que levantamos que Dios no aprobó? ¿Qué de lo que ofrecimos que Dios no se enteró? ¿Qué de las estrategias que usamos para plantar y hacer crecer iglesias que Dios no diseñó? ¿Qué de la vanidad con que usamos el nombre de Dios?.  Esto tambien es iniquidad.

El profeta Oseas denunció la iniquidad del pueblo que hacían y decían lo que Dios no había dicho ni ordenado:

Ellos hicieron reyes, mas no por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe: de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser talados. Oseas 8:4

¿Hay iniquidad —rebeldía— en el corazón de hombres y mujeres de fe?

Maria, la hermana de Aarón y Moisés, se levantó en contra de Moisés, y su arrogancia de cómo Dios la había usado como profetiza, menospreciando a su hermano Moisés, la llevó a padecer de lepra por espacio de siete días. La iglesia está llena de lepra, y se ha convertido en inmunda.

Nos hemos levantado en contra del hermano, y en contra de Dios. Cuando queramos resolver la violencia de nuestras ciudades, no pensemos en reuniones conjuntas de iglesias, en cadenas de oración, e inclusive ayunos, tales estrategias sin la debida realización de que es necesario arrepentirnos por habernos levantado en contra de nuestros hermanos, y en contra de Dios, tan solo sacará a la luz los niveles de hipocresía —actitud farisaica— que se ha arraigado en nuestro corazón, y potenciará más el derecho legal entregado a Satanás.

 

Pastor Montoya

Ministerio Apostólico y Profético Cristo Rey, Inc.

Twitter: @pastormontoya

Tel. (407) 764-2699

pmontoya@ministerioscristorey.com

[1] Génesis 4:8

[2]Ídem 4.13

[3] Génesis 4:14

[4] Ídem 4:22

[5] Ídem 6:7-11

[6] Hebreos 11:3

[7] Santiago 1:13

[8] 1ra. Corintios 7:14

[9] Mateo 5:22

[10] Juan 1:46

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