25 Y aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, y otro toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también el bosque que está junto a él: 26 Y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto sobre la leña del bosque que habrás cortado. Jueces 6:25,26

Lo primero que tenemos que entender, con respecto al tema, es: ¿Qué son los centros ceremoniales?

Un centro ceremonial es un sitio donde se ha levantado altar de adoración idolátrica, y se ha constituido en un lugar de acceso periódico para la celebración ceremonial de una festividad popular.

La definición anterior, por supuesto, no es la definición diccionario, enciclopédica, sino la definición bíblica, que es la que nos interesa para establecer sobre el tema que estamos tratando.

El tema de centros ceremoniales no ha sido tocado en relación a la guerra espiritual. A pesar de que hay suficiente evidencia bíblica de su existencia, y del peligro espiritual que representa para el desarrollo de la vida de fe, no se le ha prestado la importancia que el tema merece.

El tema es más profundo de lo que por el título podríamos imaginarnos. Se trata de centros regionales constituidos en sitios de rito satánico, de pactos demoniacos, de sitios desde donde se dispensa maldición sobre sus habitantes.

El caso que citamos en la referencia bíblica es el caso de cuando Gedeón es llamado por Dios para ejecutar una acción de liberación sobre su pueblo, a causa de la opresión que Madianitas y Amalecitas, y los orientales, ejercían sobre la tierra de Israel para desbastarla.

Tenemos frente a nosotros el caso claro de lo que es un centro ceremonial, lo comprobamos por los siguientes factores. Primero, en el relato observamos que aunque el padre de Gedeón es quien lo ha erigido (v.25), los habitantes de la ciudad reaccionan enfurecidos por tal acción (v.27-28), y toman acción en contra de Gedeón (v.29-30).

Segundo, el relato descubre que junto al altar se ha plantado un bosque, al menos tal y como ha sido traducido en las versiones al español. En el hebreo original, en cambio, aparece la palabra Asherah (הָאֲשֵׁרָה),[1] que como todos sabemos, es la diosa cananea de la fertilidad. Se trataba de un bosque plantado con propósitos de invocación a divinidades cananeas, como si se tratase de un panteón de deidades patronales bajo las cuales la ciudad se amparaba para su resguardo.

Queda claro, entonces, que el altar construido por Joas, padre de Gedeón, no era un altar personal, o familiar, sino un centro ceremonial que la ciudad donde ellos vivían había adoptado como lugar patronal en el cual celebraban rituales idolátricos.

En el caso bíblico en referencia se destaca este hecho, pues observamos en el relato que tan pronto como Gedeón destruye el centro ceremonial, todos los Madianitas, y Amalecitas, y orientales, se juntaron a una, y pasando asentaron campo en el valle de Jezreel (v.33), reaccionando a la acción de liberación que se había iniciado con la destrucción del altar y del bosque ceremonial idolátrico.

Los sitios ceremoniales son baluartes espirituales desde los cuales se ataca y destruye la vida espiritual de los habitantes de una región. Son cabeceras de gobierno satánico usados como plataformas de lanzamiento de acuerdos de muerte y destrucción de las regiones donde se ubican.

Estas fortalezas no se construyen a sí mismas, necesitan de la participación humana. Se construyen con base en la actividad ritual, litúrgica, cultica, sacrificial que el hombre desarrolla sobre la base de una fe mística, religiosa, idolátrica. Esta actividad lleva al hombre a construir sitios ceremoniales desde donde comparte su fe.

Los sitios ceremoniales son las puertas espirituales que le abren camino a las fuerzas demoniacas en una región para establecerse en ellas, y para ejercer gobierno satánico sobre sus habitantes. Moisés advirtió al pueblo sobre el peligro de multiplicar esta creencia idolátrica, los demonios apostados detrás de ellos les despojarán de todos los bienes que Jehovah, su libertador, les entregaba como parte de su heredad. Revisemos la advertencia dejada plasmada en su Ley:

Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado: tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades. Levítico 17:7

El salmista David descubre que tras la idolatría hay demonios operando, y a ellos es consagrado todo lo que en su nombre se ejecuta:

Y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios; Salmo 106.37

Es la idolatría desarrollada por los habitantes del lugar lo que faculta y potencia el establecimiento de potestades regionales. En los escritos del apóstol Pablo encontramos contundentes referencias.

Un centro ceremonial es un sitio de actividad ritual, cultica, litúrgica, sacrificial, idolátrica, y en virtud de su constitución espiritual de fortaleza (οχυρωματων), se constituye en cabecera de gobierno satánico, y se dispensa desde ellos una fuerza demoniaca que alimenta el ánimo de quienes no obedecen al Evangelio del Reino. La actividad idolátrica de una región hace que de estos sitios se exporte un estilo de vida regional, autóctono, que obliga a sus habitantes a forjar sus vidas en torno a una mentalidad en oposición directa a la Voluntad del Todopoderoso.

Entenderemos ahora lo vital del mandamiento y la necesidad de obediencia que Jehová Dios demandó del pueblo cuando le entregó la instrucción de cómo trabajar este asunto:

ESTOS son los estatutos y derechos que cuidaréis de poner por obra, en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que la poseas, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra. 2 Destruiréis enteramente todos los lugares donde las gentes que vosotros heredareis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol espeso: 3 Y derribaréis sus altares, y quebraréis sus imágenes, y sus bosques consumiréis con fuego: y destruiréis las esculturas de sus dioses, y extirparéis el nombre de ellas de aquel lugar. Deuteronomio 12:1-3

Al escribir sobre este tema lo hago desde la preocupación pastoral, dado que en muchas de nuestras regiones se han establecido centros ceremoniales con rituales idolátricos, y no hemos nada para denunciarlos. Peor aún, en muchos de los casos no los hemos visto como tal.

Por mi ejercicio pastoral en Puerto Rico, tengo que denunciar por lo menos dos centros ceremoniales, que están trayendo devastación sobre esta tierra. Los denuncio a través de este espacio, como muestra de lo que cada quien debemos hacer en las regiones o países donde cada quien ha sido ubicado.

El primero de ellos, en la ciudad sureña de Juana Diaz,[2] que bajo las fiestas de Reyes, han levantado un altar de religiosidad, agorería y santería, que tiene adormecida espiritualmente las comunidades de fe en toda la isla.

Son muchos los creyentes en toda la isla que tienen impuestas vendas mágicas[3] sobre sus ojos, y han hecho inclusive de esta fiesta motivo para levantar colección de reyes, porque los tales apelan a un nacionalismo, llevando a muchos a identificarse falsamente por ellos, y no por su fe en Jesús.

Sin contar los que por aspecto cultural han participado de las promesas de reyes, y por compartir con la comida servida en ellas, se han contaminado y se han inclinado a dioses ajenos.

El otro caso que debemos denunciar es el caso de la fiesta de la calle San Sebastián.[4] Fiesta popular con casi igual longevidad que la fiesta de Reyes, con una duración de cuatro días con la cual se marca el final de las celebraciones iniciadas con la navidad.

Es un baluarte espiritual de religiosidad, santería y fetichismo, que alimenta y promueve la perversión sexual en la isla. Las fiestas son religiosas, aunque al final se desarrollan como fiestas bacanales. Se invocan espíritus ancestrales por medio de lance de tambores, bomba y plena, y de la participación de imágenes de cabezudos y vejigantes.

Es una fiesta de entrega y consagración de la isla a las potestades espirituales que pretenden convertir a la isla en un centro turístico de perversión sexual. Es tan fuerte la potestad que opera tras este baluarte espiritual, que en los últimos años ha pretendido exportar la fiesta hacia Orlando, Florida.

Muchos son los creyentes que se han contaminado con estas fiestas, quienes bajo el concepto cultural y folclórico, participan del valor carnavalesco de sus procesiones. En los últimos años, el colmo ha sido que iglesias enteras han participado de ellas, integrando a sus grupos de danza y adoración en sus procesiones y rituales idolátricos, creyendo que están dando testimonio de su fe en Jesús. Lamentablemente se cumple lo que fue dicho por Jesús, Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.[5]

Lecturas en la Biblia como Números 25, y Hechos 19, en las que se presenta el valor espiritual de un centro ceremonial, como los de Moab, en el libro de Números, y el de Diana de Efeso, en Hechos de los Apóstoles, ilustran el poder satánico detrás de estos baluartes idolátricos construidos en Puerto Rico.

¿Qué nos corresponde hacer? El apóstol Pablo responde a esta pregunta, y nos aconseja por el Espíritu Santo.

11Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas 13Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. 14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. 15 Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; 16 Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18 Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu. Efesios 5:11-18

Somos llamados a denunciar las tinieblas que operan sobre la isla. Hago un llamado a todos los que viven bajo la Gracia, que ejecuten las guerras de Jehovah, y sojuzguen las tinieblas conforme la revelación que su Palabra nos ha establecido.

Recordemos que si no las denunciamos espiritualmente, y las sojuzgamos, nos convertimos en participantes y consentidores. Las Palabras de la segunda epístola de Juan, dice:

10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡bienvenido! 11 Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras. 2da. Juan 10,11

 

De tener dudas sobre casos particulares, o en la nación de donde usted lea este estudio, y quiera compartirlos, o asesoría, le invitamos a escribirnos.

 

 

Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

[1] Otros textos donde aparece la misma palabra:

  • Deuteronomio 16.2
  • Jue 6.25
  • Jue 6.26
  • Jue 6.30
  • 1 Rey 16.33
  • 1 Rey 18.19
  • 2 Rey 13.6
  • 2 Rey 18.4
  • 2 Rey 21.3
  • 2 Rey 21.7
  • 2 Rey 23.6ו
  • 2 Rey 23.15

[2] http://www.reyesdejuanadiaz.com/historia.php?opc=3

[3] Ezequiel 13:18,20

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Fiestas_de_la_Calle_San_Sebasti%C3%A1n

[5] Mateo 22:29

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