Tomó, pues, Jehová Jehovah-Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Génesis 2:15

Los otros días mientras estudiaba de nuevo la historia de la formación del Adam y Eva, en el Génesis, no pude evitar preguntarme, ¿para qué formó Jehovah-Dios al hombre?

Lo más impactante fue a lo que el Señor me llevó en el estudio.

Había leído y estudiado esta historia no sé cuántas veces, en varias versiones, y las conclusiones habían sido casi las mismas. En esta ocasión me sentí inquietado a revisar el relato en el idioma original en el que fue escrito, en hebreo. La visión que presenta es completamente diferente, y la visión me ayudó a entender el sentido de la existencia de los ministerios sobre la faz de la tierra.

Me remito particularmente al versículo quince del capítulo dos, el único texto que presenta una explicación del propósito de la formación de Adam. Se trata de una frase corta, pero cada Palabra incluye en su uso un significado implícito, más que una interpretación etimológica de las palabras.

El texto explica que Adam fue puesto en el huerto de Edén para que lo labrara y lo guardase.

Adam fue formado fuera del Edén, pero llevado allí en común acuerdo con Jehovah-Dios. La Palabra traducida como tomó, en hebreo es וַיִּקַּח (va.yi.qah) y no alude a la acción operacional de asir algo y transportarlo a otro lugar. Significa que quien inició la acción, en este caso Jehovah-Dios, acordó con Adam sobre la operación de la acción, y éste, Adam estuvo de acuerdo.

Es más que una acción, es una decisión compartida. Aunque Jehovah-Dios es quien origina el proyecto y la acción, incluye a Adam haciéndolo participe de la decisión. Adam es ubicado en el huerto y está consciente de la razón de por qué está en ese lugar.

Así que, Adam tiene claro que hay una misión que se le ha encomendado, y por la cual ha de responder en el momento cuando tenga que rendir cuentas. A partir de ese significado es que surge la expresión para que lo labrara y lo guardase.

La expresión que en español está estructurado como un complemento directo, en hebreo es en realidad un complemento indirecto; es decir, no explica la razón de por qué Adam fue puesto en el huerto, sino solo explica la función que debía desarrollar.

La expresión está unida al lugar, es decir, al huerto de Edén. Por lo tanto se espera que en la frase completa concuerden en género, lo cual no sucede. En español se observa la concordancia, pero no en hebreo, huerto está en género masculino, labrar y guardar en género femenino. En hebreo se lee: le puso en el huerto de Edén, para que la labrara y la guardase.

Obsérvese en letras negritas la diferencia de género. No se trata de un error, es deliberado, aunque los traductores quisieron obviar la diferencia y optaron por traducir de la forma como lo conocemos actualmente, entendiendo que se trataba de su trabajo dentro del huerto.

La incongruencia de género en la frase indica que labrar y guardar, que hasta este momento hemos creído que se refería a labrar y guardar el huerto, no se refiere al trabajo que desarrollaría con el huerto, sino a un trabajo que queda tácito en la oración.

Esto puede comprobarse con el contexto del relato, pues si anteriormente en el mismo capítulo se dice que subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra, y se añade que aún no había Jehová-Dios hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, queda claro que el huerto tenía su propio mantenimiento y no necesitaba de Adam para que desarrollara el trabajo de agricultor.

Por otro lado, ¿qué sentido tendría castigar a Adam con en el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,[1] si ya Adam estaba acostumbrado a labrar la tierra?

Adam fue puesto en el huerto pero no con el propósito de convertirlo en un agricultor de la tierra. El hecho de que los términos labrar y guardar aparecen en género femenino, y no en congruencia con el género masculino del huerto indica que la función no tenía que ver con el huerto sino con otro elemento, que como explicamos anteriormente, quedó tácito en la expresión.

Los términos labrar y guardar corresponden a las palabras עָבְדָהּ (a.bo.daj), y שָׁמְרָהּ (sha.me.raj) respectivamente, ambas en género femenino.

La primera palabra, labrar, es usada en el libro de Números (4:35, 39 y 43), y en el primer libro de Crónicas (25:1), pero traducida en las versiones al español como ministrar. Con ella se identifica el servicio de gente separada, levitas y cantores, para servir dentro del Tabernáculo, y eventualmente en el Templo, en una función sacerdotal.

Así que, la palabra que fue traducida al español como labrar, en el relato del Génesis, no necesariamente tiene que ver con un trabajo “agrícola”, como lo sugieren las versiones al español, sino a un “servicio protocolar” similar al que un sacerdote, levita o cantor realizaba dentro del santuario, cada uno en su respectivo orden.

¿Cuál era la función de un sacerdote, un levita, un cantor dentro del santuario? Su trabajo era repetitivo, no arbitrario, ni personalizado. Se trataba de un ritual protocolar previamente establecido que cada quien desarrollaba de forma sincronizada.

Así que, si la palabra a.bo.daj (labrase) tiene que ver con ministrar, según los otros textos donde aparece esa misma palabra, refiriéndose al trabajo que los levitas realizaban dentro del santuario, entendemos que Adam tuvo de igual forma, una función protocolar que llevó a cabo día tras día mientras estuvo en el huerto. Algo de esto se aprecia en la explicación de cuando Jehovah-Dios dispuso formar las bestias del campo; se dice que y las trajo a Adam, para que viese cómo les había de llamar.[2]

Así que, la expresión labrara, entiéndase, ministrara, se refería a la función dentro del huerto y no al trabajo que tenía que hacer con el huerto. Era una función sacerdotal al estilo de un levita dentro del santuario.

Esto tiene sentido si comparamos este relato con el del libro de Ezequiel, en el capítulo veintiocho, en donde se describe que en el mismo sitio, es decir, en el huerto de Edén, Luzbel tenía un santuario el cual fue ensuciado por causa de la multitud de contrataciones.[3]

Adam fue instruido por Dios para desarrollar día tras día un ritual, el mismo o similar al trabajo que un sacerdote realizaba dentro del santuario. Parece absurdo pensarlo por el hecho de que se trata de un huerto, pero si tenemos en cuenta las Palabras de Jehovah-Dios a Moisés: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es,[4] tratándose de un “desierto”, y era tierra santa, ¿Por qué no ver el huerto como tierra santa si después de la desobediencia Jehovah-Dios no les permitió permanecer en él?

En cuanto a guardase, el otro termino descriptivo de las funciones de Adam. Aparece en los siguientes libros: Deuteronomio (5:29; 26:17,18; 30:16; Josué 22:5; I de Reyes 8:58; 61: II Reyes 23:3).

En todos estos textos es traducida de igual forma, guardar, pero está en referencia directa con la Palabra que se les ha confiado.

La referencia para que la guardase se refería entonces a mantener vigente y activo el protocolo para el cual fue llevado por Jehovah-Dios al huerto, y para darle vida a la Palabra de no comerás del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, Palabra que según Eva llegaba hasta el grado de guardarse de no tocarla.

Lo anterior es cónsono con el relato constante que se presenta en las Escrituras con respecto a la posición del hombre frente a Jehovah-Dios: desobedecer el mandamiento es equivalente a abandonar a Jehovah-Dios y vivir en pos de dioses ajenos.

¿Podría esta visión tener apoyo en otros textos de la Biblia? La respuesta es sí, hay otros textos que ponderan la validez de esta visión.

Uno de ellos es la referencia del apóstol Pablo, cuando señala que Jesús es segundo Adam: 47El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. [5]

La referencia de Jesús como el segundo hombre indica que él, Jesús, viene para sustituir al primero y oficiar en el santuario a la manera de cómo el primer hombre ministraba en el huerto, y completar aquello en lo cual el primero fracasó. En el caso de Adam era no comer del fruto del árbol de ciencia del bien y del mal; en el caso de Jesús, no con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.[6]

En los escritos de la epístola a los Hebreos encontramos nuevamente esta visión de entrar en el santuario que apela no solo a las ordenanzas de la Ley Mosaica en cuanto a los sacrificios, sino más al oficio de Jesús como segundo hombre.

12Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, mas por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención…. 24Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios. Hebreos 9:12, 24

La mayoría de las veces hemos visto estos textos en referencia directa a la Ley Mosaica, pero si así fuera, Jesús habría sido crucificado durante el día del perdón, fecha en que el sumo sacerdote entra una vez al año por los pecados del pueblo. El hecho de que Jesús fue inmolado durante la Pascua (Pesaj), indica que la restauración traída por Jesús obedece a la muerte que entró por causa de Adam cuando se sometió a la astucia de la serpiente.

Otra referencia es citada por el apóstol Pablo, cuando le escribe a la comunidad en Cristo de Corinto:

21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 1ra. Corintios 15:21

Hay evidencia de esta visión en las mismas Palabras de Jesús, cuando les declara su misión a los mismos discípulos:

32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Juan 4:32

Y luego, al decir:

Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. Juan 10.18

Adam, ¿un sacerdote? Adam era la figura del que había de venir, y como tal, ministrabapara que la labrara— en el huerto de Edén, y guardaba —para que la guardase— el mandamiento… hasta que llegó la serpiente…

¿Cómo entender esta visión en nuestro contexto? Nosotros somos un Adam, y nuestro hábitat es nuestro huerto. Jehovah-Dios demanda un protocolo sacerdotal diario, rutinario: No se trata de vivir la vida sin una agenda diaria. Adam no fue un holgazán en el huerto, viviendo día tras día sin más qué hacer que caminar por el huerto, comer y jugar con los animales. Le fue impuesto un servicio protocolar.

Ejemplo de ello puede ser lo que nos presenta el libro de Daniel, en torno a la rutina diaria de Daniel: entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes.[7] No se trata de una rutina ocasional surgida para enfrentar la oposición.

Esto es para que la labrara. Es adoptar una estructura personal, única, que nos identifique, que sirva para santificar nuestro huerto.

La separación de iglesia y estado no solo se ha aplicado a las esferas de gobierno, ha afectado nuestros modelos de vida, ha fragmentado nuestras conductas haciendo que en nuestras ejecutorias diarias tengamos conductas y actitudes para el trabajo, diferentes a las conductas y actitudes de la vida piadosa. Hemos separado tiempos de familia y tiempos de iglesia, y uno es el comportamiento en un sitio, y otro el comportamiento en otro sitio.

Si la Biblia dice que nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre,[8] y el apóstol Pedro enfatiza que somos linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido,[9] no es solo para distinguirnos de otros que no confiesan nuestras mismas convicciones cristológicas, sino más, para destacarnos que como tales tenemos protocolos diarios con los cuales debemos honrar nuestra designación, y santificar al Señor, que camina entre nosotros.

Y, para que la guardase, significa, mantenernos fieles y firmes a la Palabra que hemos recibido y que distingue nuestra existencia y ministerio de cualquier otra.

Para que la guardase quiere decir, diseñar las acciones de la vida girando en torno de una Palabra que es constituida como énfasis de existencia y de ministerio. Una Palabra que ha llegado por revelación directa y que determina el énfasis ministerial de la persona.

[1] Genesis 3:19

[2] Génesis 2:19

[3] Ezequiel 28:14,18

[4] Éxodo 3:5

[5] 1ra. Corintios 15:47

[6] Mateo 4:4

[7] Daniel 6:10

[8] Apocalipsis 1:6; 5:10

[9] 1ra. Pedro 2:9

 

Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

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