“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר) para él. 19Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y trájolas á Adam, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adam llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20Y puso Adam nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda que estuviese idónea para él. 21Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; 22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre. 23Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.” Génesis 2:18-23

  1. El concepto de la ayuda IDÓNEA

¿Por qué no era bueno que el hombre estuviera solo? Por muchos años la respuesta a esta pregunta giró en torno al establecimiento del matrimonio como institución divina, destacando de ello que es mejor casarse que quemarse. sin embargo, en estos últimos años el Todopoderoso ha mostrado que la respuesta a esta pregunta en realidad tenía que ver con el inicio de un esquema profético acerca de la manifestación del Mesías-Rey que colaboraría con el hombre en el establecimiento de un territorio en la tierra, para establecer sobre ella el reino de Dios, y en la cual pudiera hacerse Su voluntad como se hace en cielo.

La declaración surge en el corazón de Dios, eso significa que Dios al declarar que no es bueno que el hombre esté sólo, lo hace porque Él está considerando otorgarle a Adam un atributo que sólo no lo podría manejar adecuadamente, que sería necesario que tuviera una כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר ayuda idónea que compartiera la responsabilidad de él para desarrollar aquel beneficio surgido de la mente de Dios. El detalle de lo que la pareja recibió después de que el hombre recibió la propuesta de Dios es lo que nos ayudará a entender la razón del porqué no era bueno que estuviera sólo.

El hombre y la mujer habían sido formados a imagen de Dios y en semejanza directa de los seres angélicos, con la diferencia de que éstos no vivían en el mismo sitio que ellos. Era necesario establecer una extensión de los cielos —un territorio terrenal— donde el hombre mismo en su calidad de imagen de Dios establecería esa presencia divina. La tarea no era fácil, Luzbel había irrumpido y socavado los principios de este esquema profético. Por eso era necesario que el hombre no estuviera sólo en esta tarea.

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él“. Vayomer Adonay Elohim lo-tov jeyot ha’adam levado e’eseh-lo ezer kenegdo (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר).

El relato de la historia de la formación de Eva, en el capítulo dos del libro de Génesis, presenta la historia en función de dos expresiones básicas: le haré ayuda idónea (e’eseh-lo ezer kenegdó. Vrs.18), y luego: no halló ayuda idónea (lo matzá ezer kenegdó. Vrs.20), para referirse a la intención de Dios por proveer a Adam de un recurso adecuado, idóneo, para resistir la obra de Luzbel. Pero, nos llama la atención que el primer término —Ezer— que significa, ayuda, socorro, auxilio, aparece en todo el Antiguo Testamento con uso exclusivo para definir el atributo de Dios de socorrer al hombre cuando éste está a punto de ser destruido.

En otras palabras, solo Dios es ezer a los seres humanos, así que, si este término está siendo usado aquí para amparar la formación de Eva, lo hace única y exclusivamente para definir un propósito profético, salvífico, más que para identificar la presencia de la persona de una mujer al lado de un hombre para convivir juntamente con él. Lo confirmamos en el hecho de que la primera propuesta de Dios fue formar a toda bestia del campo, si la ayuda idónea sería la mujer, que sentido tuvo formar a las bestias del campo como primera opción. Esto solo puede ser entendido si partimos del principio de que solo Dios es ezer a los seres humanos. Con Eva, entonces, se introduce un propósito profético.

Así que, vamos a descubrir en este proceso formativo profético que la ayuda idónea era un decreto profético que tendría su cumplimiento (πληρωμα) cuando la profecía de Isaías 7:14 se cumpliera. Explicamos a continuación el porqué de esta afirmación.

La palabra עֵזֶר ezer aparece veintiún veces en el Antiguo Testamento, 2 veces se utiliza para referirse a Eva, como ya lo hemos indicado, y 14 veces para referirse a Dios, directamente, y las otras veces como nombres propios de algunas personas. En muchos de los pasajes, se utiliza en combinación con palabras que denotan fuerza, poder o energía. Algunos ejemplos son:

  • “No hay como el Dios de Jeshurun, Montado sobre los cielos para tu (עֵזֶר) ayuda, Y sobre las nubes con su grandeza.” (Deuteronomio 33:26)
  • “Bienaventurado tú, oh Israel, ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová, Escudo de tu (עֵזֶר) socorro, Y espada de tu excelencia? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas…” (Deuteronomio 33:29)
  • “Alzaré mis ojos a los montes, De donde vendrá mi (עֵזֶר) socorro. Mi (עֵזֶר) socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” (Salmos 121:1,2)
  • “Oigate Jehová en el día de conflicto; Defiéndate el nombre del Dios de Jacob. Envíete (עֵזֶר) ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga.” (Salmos 20:1,2)
  • “Nuestra alma esperó a Jehová; Nuestra (עֵזֶר) ayuda y nuestro escudo es él.” (Salmos 33:20)
  • 5 Yo estoy afligido y menesteroso; Apresúrate a mí, oh Dios: (עֵזֶר) Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas.” (Salmo 70:5)
  • “Oh Israel, confía en Jehová: Él es su (עֵזֶר) ayuda y su escudo. Casa de Aarón, confiad en Jehová: Él es su (עֵזֶר) ayuda y su escudo. Los que teméis á Jehová, confiad en Jehová: Él es su (עֵזֶר) ayuda y su escudo.” (Salmos 115:9-11).

 

 

Tanto en el Salmo 70:5 como en el Salmo 33:20, el termino עֵזֶר ezer‎ traducido como ayuda se usa unido a otros términos también de carácter salvífico que definen la exclusividad de Dios, de que solo él es el único que puede socorrer al hombre. Salmo 33:20, por ejemplo, עֵזֶר ezer‎ se usa con מָגֵן magen, que significa escudo: una herramienta de protección. El Salmo 70:5, conjuga עֵזֶר ezer‎ con el termino מְפַלֵּט mephallet que significa salvador o uno que ofrece escape. Esta conjugación de términos con características salvíficas destacan el atributo de Dios en favor del hombre que en El confía. Esta combinación se produce también en otros lugares, revísense los textos de Deuteronomio 33:29 y Salmo 115:9-11.

Por el uso exclusivo que de la palabra se hace para distinguir el atributo del Creador, de salvar, socorrer y/o ayudar al hombre, debemos entender que la idea no era tanto hacerle ayuda, sino más bien de enviarle ayuda, como bien lo señala el salmo 121, enviarle ayuda de Sí mismo porque Él es quien originó esta idea de que no era bueno de que el hombre estuviera solo, y quien procedió a ejecutar acción para hacerse llegar. Así que podríamos concluir que el mensaje —mensaje profético— de Génesis 2:18 no se dirigía a Eva, en exclusividad, pues solo Dios salva, sino a quien por intermedio de ella vendría en el cumplimiento de los tiempos, como Pablo lo estableció. Así que, debemos más bien entender que se trata de una intención profética que se manifestaría en el cumplimiento de los tiempos, y su sentido gramatical más bien seria:

Le enviaré una עֵזֶר ayuda (poder, fuerza o socorro) que sea digno de su imagen, para que esté siempre al lado del hombre.

Esta revelación profética es confirmada, en principio, por la declaración de Génesis 2:23, en donde Adam llamó a Eva: “… Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne:..”. No la llamó ayuda idónea como Dios manifiesta en su intención, pues era claro que solo Dios salva, ayuda y socorre, y Eva no estaba sustituyendo a Dios, Adam lo sabe y la recibe como complemento a la labor para la cual Dios lo formó. Se confirma, también, en la palabra que Dios le dirige a ella justamente después de haber desobedecido: “…enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza…”

La revelación que Adam recibe cuando Dios le trae a Eva es que ella es la combinación perfecta por medio de la cual establecerá Su Poder para traer el cumplimiento de SU propósito sobre la región que les ha entregado. No es compañía, no es el vínculo para procrear, para multiplicar la raza humana, o para satisfacer necesidades personales; por eso, y basado en esta revelación, Pablo exhorta a que ninguno que busca cumplir la Voluntad del Todopoderoso debe juntarse en yugo con los infieles.[1] La idea es que todos los que hemos creído y reconocido a Jesús como el Mesías cumplimos Su propósito sobre la faz de la tierra, para lograrlo debemos buscar la combinación perfecta.

Hueso de mis huesos, y carne de mi carne, fueron las mismas palabras con las que el pueblo confirmaron el reinado de David como el rey ungido por el Todopoderoso para llevar las guerras de Jehová: “Y vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí nosotros somos tus huesos y tú carne.[2] Esto demuestra, que la revelación entregada a Adam, y mantenida como convicción de acción de la generación de Seth, al menos, es que debemos unirnos en combinación perfecta para cumplir propósitos divinos sobre la tierra en la cual Él nos ubicó, para traer sobre ella el reino de Dios, y que sea hecha Su Voluntad como se hace en los cielos.

Resta ahora entender el sentido del otro término hebreo que junto a ezer fue acuñado para manifestar la intención de Dios de que Adam no estuvieses solo. Nos referimos a kenegdó (כְּנֶגְדֹּו), que es la palabra que generalmente se ha traducido como idónea. Kenegdó aparece en el Antiguo Testamento exclusivamente para definir la ayuda que Dios estaba pensando para el hombre, no es posible contrastarlo con otros usos dentro del mismo texto bíblico, puesto que solo aparece en estas dos ocasiones para referirse a Su intención de enviarle ayuda. La palabra significa literalmente: “frente a él“, “enfrentada a él“, incluso, “en su contra“.

La palabra כְּנֶגְדֹּו kenegdó califica a ezer, no es una extensión de la ayuda que Dios ha dispuesto enviar. La palabra más que un significado etimológico, refleja un sentido de propósito. En ese sentido, kenegdó pretende destacar la calidad y/o clase de ayuda que Dios enviará al hombre. Dado que la palabra tiene dos significados, ambos contrapuestos el uno al otro, no es posible hacer una traducción literal del término porque en español no tenemos una palabra que refiera ambos significados juntos, y no podemos usar un sentido y descartar el otro porque ello dejaría coja la interpretación.

Los rabinos hebreos explican que kenegdó adopta el sentido de las actitudes y las acciones del hombre según su participación dentro del reino de los cielos, así por ejemplo si sus acciones son acordes al propósito declarado en la visión que Dios les ha otorgado como familia, la mujer se convierte en la ayuda que anima, añade confianza y esfuerza a su marido; en cambio, si el hombre pierde esa visión, la mujer se volverá contra él y le recriminará su actitud y acción, y le conminará a adoptar aquellas decisiones que le hagan volver a encontrarse en la ruta correcta. En ambos casos, frente a él o en su contra, ella recuerda que Dios está dispuesto a enviarle ezer siempre y cuando el hombre cumpla con Sus propósitos.

Un cuadro típico de este sentido la ofrece la situación de Abraham frente a la demanda de Sara, su mujer, de tomar acción ante el maltrato y humillación que Agar mostraba hacia Sara por causa de tener un hijo suyo. La actitud de Agar establecía una mala enseñanza para Isaac, y podría traer eventualmente una rebelión entre todos los que cohabitaban con ellos. Sara demanda que Abraham expulse a Agar e Ismael del campamento, Abraham se resiste a la idea hasta que Dios le mostró que quien le heredaría sería Isaac, y no Ismael, y le ordenó a seguir la demanda de Sara. El mismo cuadro pinta la situación de Isaac y Rebeca cuando Isaac decide otorgar la bendición a su primogénito, Rebeca percibió que su hijo Essaú no era digno de recibirla, sabe que quien debe recibirla es Jacob, así que lo envió en una misión para suplantar a su hermano y recibir a cambio la bendición de primogénito. En ambas situaciones tanto Abraham como Isaac son corregidos en sus acciones, inclusive en sus decisiones. Ninguno de ellos pudo percatarse que de mantenerse en tal posición el propósito de Dios hubiera sido estorbado. La ayuda —correcciónllegó por intermedio de una mujer.

Ambos casos reflejan incongruencias de conducta a la vista del lector poco relacionado con la forma de actuar de Dios, y posiblemente hoy en día habrá quienes crean que se trataba de hogares disfuncionales. Sin embargo, por la forma de cómo las Escrituras las presentan, vemos que sobre estas acciones se fundamentó el surgimiento de un pueblo fuerte. Ambos casos nos ayudan a comprender que aun cuando hay momentos de confusión, que no sabemos cómo debemos actuar o decidir, Dios envía Su ayuda en el momento oportuno. Los relatos hablan proféticamente porque nos conducen a ver que la ayuda profética vendría por intermedio de una mujer.

Así, pues, siguiendo esta revelación profética, la interpretación completa de Génesis 2:18, sería:

Le enviaré una עֵזֶר ayuda (poder, fuerza o socorro) que sea digno de su imagen, para que esté siempre al lado del hombre, para que lo esfuerce a continuar con sus propósitos, y que le corrija cuando se salga de estos.

Por muchos años entendimos que esta intención de Dios de enviar ayuda idónea al hombre se refería a la formación de la mujer, y que era ella la ezer kenegdó (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר) del hombre; Sin embargo, este año el Todopoderoso en Su Gracia nos ha mostrado que ezer kenegdó (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר), era una palabra profética cuyo cumplimiento se desarrolló a la venida de Jesús, el Mesías-Rey, en el cumplimiento de los tiempos, como el apóstol Pablo lo definió en sus epístolas. El apóstol Pedro también reconoció que todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado, han anunciado estos días,[3] refiriéndose a la persona de Jesús en sus días.

En el relato del Génesis, en la formación de la mujer, observamos que la ayuda ofrecida no vino necesariamente de la mujer, porque la serpiente provocó la caída de ambos. Así que la עֵזֶר ayuda, en realidad vendría del Señor, tal y como efectivamente señalan todos los textos en donde aparece la palabra ezer en el Antiguo Testamento.

Jesús es el ezer kenegdó (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר) enviado por el Dios Eterno para auxiliar al hombre, para sacarlo de su condición de esclavitud, corregirlo (oponérsele), y ayudarle a establecer el mandamiento primero que el Creador le había ordenado en el Edén:

..y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread …  Génesis 1:28

  1. Jesús, el ezer kenegdó (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר) de Dios

A partir de aquí, queremos presentar el desarrollo profético que en la historia bíblica fue adquiriendo la declaración de Dios dada en el Génesis. Comenzaremos a partir del relato del evangelista Lucas con respecto al nacimiento de Jesús:

9 Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador (σωτηρ), que es CRISTO el Señor. 12 Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre. 13 Y repentinamente fue con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14 Gloria en las alturas a Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres. Lucas 2:9-14

La palabra salvador que en griego es σωτηρ, apela al uso que en el hebreo tenía la expresión ezer; es decir, el que viene en auxilio de alguien. Es interesante notar cómo traduce la Septuaginta el término Ezer al griego, lo traduce sencillamente como ayudante (βοηθον) para sacar a alguien que ha caído en desgracia. La Septuaginta cifra más significado en la palabra kenegdó (כְּנֶגְדֹּו), que lo traduce usando la preposición kata (κατ͂), que implica una comparación entre iguales, es decir, alguien colocado en otro lugar, ocupando la misma posición. En el verso 20 usa la palabra homoios (ομοιος), que significa igual en fuerza, del mismo rango. No hay duda, entonces, que como lo hemos apuntado en la sección anterior, la ayuda no era la mujer en sí misma, porque aunque si bien es cierto era carne de mi carne, hueso de mis huesos —homoios— el hombre no había caído en desgracia como para recibir ayuda. La enseñanza es profética para mostrar la manifestación de quien Dios había dispuesto enviar en el cumplimiento de los tiempos para SALVAR (σωτηρ) a quien se había perdido. La enseñanza incluía la forma de cómo se manifestaría la ayuda: vendría por intermedio de la mujer. Jesús es la ayuda propuesta en el momento cuando Dios declaró que no era bueno que el hombre estuviera solo.

Así que, aquella noche primera en el inicio de la fiesta solemne de Sukkot, cuando Jesús nació, la manifestación angelical que anuncia su nacimiento obedece más bien a la necesidad de dejar constancia de que un ciclo se había completado (πληρωμα), la Palabra que en el Edén se había emitido en torno al hombre, de enviarle ayuda. Los ángeles en realidad estaban declarando aquella noche que la intención de Dios, en el huerto del Edén, de que no era bueno de que el hombre estuviera solo, que le haría un (כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר) poder, fuerza o socorro digna de su imagen, que estaría a su lado, esa noche se estaba cumpliendo.

La ayuda idónea –el כְּנֶגְדֹּו עֵזֶר ezer kenegdo de Dios– es Jesús, el Mesías-Rey, que estaría con el hombre para esforzarlo a cumplir los propósitos de su formación. Estas palabras fueron justamente las Palabras que Jesús dio a sus discípulos: yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Tomado del libro “El Misterio de la Iniquidad

ISBN-13: 978-1503022355 (CreateSpace-Assigned)
ISBN-10: 1503022358
BISAC: Religion / Biblical Studies / Exegesis & Hermeneutics

[1] 2 Corintios 6.14  “No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tienes la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?”

[2] II Samuel 5:1

[3] Hechos 3:24

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