Yo empero estoy lleno de fuerza del espíritu de Jehová, y de juicio y de fortaleza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado. Miqueas 3:8

La principal razón de por qué las tinieblas se establecen en un lugar, y no pueden ser removidas de allí, pese a la oración de los santos, es porque se requiere de alguien que las denuncie espiritualmente.

Este es un recurso de guerra espiritual, bíblico, pero poco conocido. Es el paso primero, primordial, sin lo cual no hay autoridad espiritual tal que pueda expulsarlas. Duro oírlo, pero cierto.

Las tinieblas tienen como característica de operación la de pasar por inadvertidas, y/o camuflageadas en escenarios humanos cotidianos, lógicos, de los cuales nadie podría imaginar que quienes las promueven son demonios. Promueven esta forma de operación como la norma básica de operación.

El caso que nos es útil citar aquí, como ejemplo de ilustración, es el caso del “pecado” de Achân,[1] porque ilustra claramente el protocolo de guerra espiritual que nos corresponde seguir. A simple vista se trata de la retención ilegal de objetos con valor económico que fueron declarados como “malditos” desde antes de entrar a la ciudad.[2] Y así mismo Achân lo presentó en su defensa:

—Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos;

—lo cual codicié, y tomé:

—y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello. [3]

Sin embargo, cuando comparamos la explicación de Achân con la descripción del pecado dada por Dios, nos damos cuenta que la diferencia es sumamente notoria, y las respuestas no coinciden necesariamente:

Israel ha pecado,

—y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado;

—pues aun han tomado del anatema,

—y hasta han hurtado,

—y también han mentido,

—y aun lo han guardado entre sus enseres. [4]

Los elementos descritos no tienen un valor económico, como en nuestro tiempo, su real valor era religioso, idolátrico, consistía en las imágenes de fundición que de ellos se haría.

Achân se contaminó con idolatría e introdujo el mismo tipo de demonios que operaban en la región. Su acto aseguraba que pudieran mantenerse en la región pese a que los de Jericó hubieran sido desplazados. Si revisamos el texto del libro de Jueces, veremos que el oro era para fundirlo y fabricar con ello terafines, figuras de adoración, práctica idolátrica de la región; y la plata para pagarle al tallador por su hechura.[5]

Esto es denunciar la maldad. Es sacar a la luz la maldad de lo que provoca espiritualmente los actos humanos. El pecado de Achân establecía entre el pueblo el mismo poderío de las tinieblas que se había establecido en Jericó, por eso Dios le descubre que Israel ha pecado, y que su pecado los ha llevado a quebrantar el pacto dado por Dios.

No se trata de confesión y admisión de culpa, o pecado, como hizo Achân, pues eso no tiene efecto espiritualmente, al menos en cuanto a la guerra espiritual se refiere. Se trata de denunciar los elementos de las acciones humanas que le dan acceso y presencia a las tinieblas acantonadas en un lugar. En el caso de Achân, no solo se trató de elementos valiosos retenidos, se trataba de una oposición flagrante a la disposición divina dada por intermedio de Josué, pues toleraba la presencia idolátrica que les dio su fuerza a Jericó en su tiempo.

La acción de un solo hombre representó un desbaratamiento total de las estrategias de victoria que el Todopoderoso le había entregado para que poseyeran la tierra. Había que denunciarlas para entonces estar en la capacidad y autoridad de vencer y despojar a las tinieblas estacionadas en el área, y a quienes las protegían.

No se puede vencer al enemigo, ni expulsarlo de su territorio, si antes no entramos primero en el proceso de denunciar la maldad detrás de la cual las tinieblas y/o demonios se esconden operacionalmente

Nótese en el texto, en la respuesta de Dios a Josué, Dios admite que no podrán vencer a su enemigo sino que delante de él saldrán huyendo:

—Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos,

—sino que delante de sus enemigos volverán las espaldas; por cuanto han venido a ser anatema:

ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.[6]

Denunciar la maldad es vital para el desarrollo de la vida espiritual en el reino de Dios. Lamentablemente muchos creyentes desconocemos esta ley espiritual, y permitimos por ello que las tinieblas —los demonios—operen en nuestras comunidades, en nuestras congregaciones, en nuestras regiones, en toda área donde no estemos en capacidad de denunciar la maldad traída por conducto de las acciones humanas.

Un hombre que roba, o desfalca, y un hijo de fe no lo denuncia espiritualmente, es una acción que eventualmente traerá el establecimiento de potestades que establecerán pobreza, escasez y miseria, y afectará a comunidades de fe que nunca participaron ni tuvieron conocimiento de la acción.

De igual manera, una mujer que se prostituye cuales sean sus motivaciones, e induce a otras mujeres y aun hombres a establecerlo como base de vida, introducirán en su entorno espíritus de fornicación que afectará aun la doctrina de comunidades de fe enteras.

En forma similar, una fiesta pagana, ingenua e inocua, puede afectar la vida espiritual de comunidades enteras. Este es el caso de la celebración del día de San Valentín, que aunque en las comunidades cristianas la celebren como “día de la amistad”, quien lo patrocina es una práctica idolátrica pagana, los efectos dentro del desarrollo de vida espiritual en las comunidades de fe es desastroso. Y así por el estilo otras fiestas aceptadas, toleradas y celebradas dentro de comunidades cristianas, promueven el establecimiento de potestades de las tinieblas en regiones enteras, y aun dentro de los mismos creyentes.

De allí la necesidad de entender sobre la importancia del tema. El apóstol Pablo descubre en su epístola a los Colosenses, una comunidad abatida por potestades idolátricas, acerca de la forma de como Jesús triunfó sobre las potestades del reino de las tinieblas. El reconoce que en el protocolo de guerra espiritual, para triunfar sobre ellas y desojarlas, primero debemos exponerlas a la luz.[7] La misma enseñanza establece entre la comunidad de fe de Efeso:

Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es.  Efesios 5:13

El tema no es invención cristiana, el mismo principio está descrito en los escritos del Antiguo Testamento:

El descubre las profundidades de las tinieblas, Y saca a luz la sombra de muerte. Job 12:22

 

Y díjome Jehová: Hijo del hombre, ¿no juzgarás tú a Aholah, y a Aholibah, y les denunciarás sus abominaciones? Ezequiel 23:36

Casos Bíblicos

La tarea de aquí en adelante es identificar bajo la guianza del Espíritu Santo la maldad sobre la que asientan los principados establecidos en regiones enteras. Algunos casos citados en la Biblia son los siguientes:

  1. La maldad de unas ciudades es la incredulidad:

Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos. Mateo 13:58

 

Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos. Lucas 9:5

 

Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad a nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado a vosotros. Lucas 10:11

  1. La maldad de unas regiones es la idolatría

Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes. 24 Por lo cual también Dios los entregó a inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos: 25 Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Romanos 1:23-25

  1. La maldad de unas ciudades o regiones es el escepticismo acerca de los milagros y/o poder sobrenatural de Dios para intervenir

Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido. 22 Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos. Romanos 1:21,22

  1. La maldad de quienes no tienen a Dios en su noticia

Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene, 29 Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades; 30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia: 32 Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, más aún consienten a los que las hacen. Romanos 1:28-32

La mayor maldad del hombre es la soberbia de no reconocer a Dios, ni el consejo de los que le fueron enviados de parte de Él.

Si te encaramares como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice Jehová. Abdías 4

 

Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

[1] Josue 7:1

[2] Idem 6:17

[3]ídem 7:21

[4]Ídem 7:11

[5] Jueces 17:3,4    Y luego que él hubo vuelto a su madre los mil y cien siclos de plata, su madre dijo: Yo he dedicado este dinero a Jehová de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla y de fundición: ahora pues, yo te lo devuelvotomó su madre doscientos siclos de plata, y diólos al fundidor: y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fué puesta en casa de Michâs.

[6] Idem 7:12

[7] Colosenses 2:15              Y despojando los principados y las potestades, sacólos a la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo.

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