Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado pérdidas por amor de Cristo. Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar a Cristo, Filipenses 3:7,8

Si fuéramos a definir en qué consiste tener un ministerio de éxito, ¿Cómo lo definiríamos?

Recuerdo que en mis años de capacitación ministerial, en el instituto bíblico, no faltaba quien creyera que ser exitoso consistía en tener una agenda llena de actividades diarias, y veían con desdén a quien no tuviera nada que hacer.

Las situaciones no han cambiado mucho desde aquellos años. En la actualidad hay quienes definen el éxito ministerial en función de la cantidad de viajes misioneros, en el tamaño de la iglesia, en la cantidad de feligreses, en cuántos libros se han escrito, aun, en la cantidad de invitaciones para predicar en otras iglesias que recibimos.

Muchos ciframos el éxito en títulos ministeriales. Hay una carrera por obtener grados doctorales en teología, en ser conocidos como apóstoles, profetas, o similares, inclusive en la cantidad de otros ministros que estén bajo nuestra “cobertura”.

A la luz de estas definiciones actuales, muchos de los personajes bíblicos de renombre no tendrían cabida y no podrían ser considerados como ministros exitosos. Un Elías que pasa tres años y medio escondido, refugiado en casa de una viuda en Sarepta de Sidón, que huye ante Jezabel. Un Jeremías, la mayor parte de sus días perseguido, prisionero en la cárcel del rey, menospreciado y vagabundo. Y así, otros de los cuales incluso predicamos por tener una vida de dependencia en Dios, pero que en su tiempo no fueron considerados como hombres de Dios.

Para empezar, el éxito según el mundo se mide por los logros alcanzados en un periodo de tiempo determinado. Por eso habremos notado que muchas empresas celebran un “día de logros”. El éxito es medible.

Según las Escrituras, el éxito se pesa por lo que Dios nos ha encomendado a hacer. La mejor definición la encontramos en la epístola de Pablo a los Filipenses:

Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, Filipenses 3:13

Cometemos un error ministerial cuando queremos celebrar un “día de logros”, porque se presta para sembrar orgullo y vanidad. No es bíblico aun cuando argumentemos que lo destacamos “para la Gloria de Dios”.

El éxito ministerial no es medible. Querer o intentar medir nuestras ejecutorias nos colocan en la posición de Dios y nos contaminan de arrogancia. El caso más típico es el caso del censo de David, quien a pesar de saber que su ejecutoria dependía del Altísimo, quiso medir su fuerza militar, y recibió fuerte reprimenda por su desvarío.

Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contad a Israel desde Beer-seba hasta Dan, y traedme el número de ellos para que yo lo sepa…..5 Y hallóse en todo Israel que sacaban espada, once veces cien mil; y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada… 7 Asimismo desagradó este negocio a los ojos de Dios, e hirió a Israel. I Crónicas 21:2-7

Para quienes buscan el éxito ministerial deben saber que éste comienza con reputar por perdida todas las cosas. No se trata de un juego de palabras ni de una interpretación metafórica de la Palabra. Uno de los principios espirituales de la Palabra es que las Escrituras no es un libro de poemas como para tratar de entenderla metafóricamente.

¿Qué creemos que entendió el joven rico cuando Jesús le dijo: —ve, vende todo lo que tienes y da a los pobres[1]? Entendió eso, precisamente, despojarse de toda su propiedad, por esa razón se fue muy triste, porque Jesús no le estaba pidiendo que interpretara sus palabras, estaba hablando literalmente.

Reputarlo por perdida, entregarlo todo. No en el sentido figurado, literal. El escritor de la epístola a los Hebreos destaca el valor de tenerlo todo por pérdida:

Porque de mis prisiones también os resentisteis conmigo, y el robo de vuestros bienes padecisteis con gozo, conociendo que tenéis en vosotros una mejor sustancia en los cielos, y que permanece. Hebreos 10:34

Este principio se origina en la forma de cómo Jesús inició su ministerio terreno.

Sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Filipenses 2:7

El peso de este acto consiste en que las cosas materiales contaminan, y cargan a las personas de un peso espiritual que nos impide operar según la Gracia del que nos llamó. Pablo reconoció en su tiempo que las cosas materiales embarazan a los ministros de propósitos no conforme a la Voluntad de Dios.

Ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida; a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 2da. Timoteo 2:4

Por esa razón, Pablo recomienda que tenemos que despojarnos de todas aquellas cosas materiales que actúan como ancla espiritual que nos impiden movernos en Dios.

POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, Hebreos 12:1

En otra de sus epístolas las presenta como causas de contaminación.

ASÍ que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios. 2da. Corintios 7:1

De seguro habrá quien crea que estamos estirando la Palabra, viendo cosas que no existen ¿Por qué razón Daniel dispuso no contaminarse con la comida del rey? Porque si fuéramos a ver, aun las legumbres eran propiedad del rey.

Daniel dispuso no atarse al valor de las cosas del rey, ni la posición de dignidad propuesta, y para demostrarlo, renunciaron a la comida asignada y optaron por una dieta áspera, y para toda su vida, los diez días eran solamente una prueba para efectos de que el eunuco lo permitiera.

Su decisión, como refiere la epístola a los Hebreos, escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado,[2] fue lo que hizo no solo que el rostro de ellos pareció mejor y más nutrido de carne, que los otros muchachos que comían de la ración de comida del rey,[3] sino que también no fue hallado entre todos ellos otro como Daniel, Ananías, Misael, y Azarías: y en todo negocio de sabiduría e inteligencia que el rey les demandó, hallólos diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.[4]

No es simbólico, entonces, cuando Pablo habla de reputar por perdida todas las cosas. Es entregarlas literalmente, por el peso de pecado —lastre espiritual— que las cosas materiales poseen. Recordemos que lo que Satanás le ofreció a Jesús al cabo de sus cuarenta días de ayuno fue precisamente cosas materiales: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos.[5]

¡Qué paradójico! El mundo nos ha introducido una idea equivocada de “éxito”. Nos ha destacado que tener éxito significa aumentar, multiplicar.

Las Escrituras nos llama a reconciliarnos con los propósitos de la Voluntad de Dios, y nos hace entender que no debemos medir nuestra ejecutoria por los conceptos paganos del mundo.

Somos llamados, convocados por el Dios Eterno, Todopoderoso, para ejecutar y establecer sus propósitos sobre la tierra, en muchos casos no seremos vistos por la gente, pues el Señor nos mantendrá en anonimato. No nos debe interesar cómo el mundo mide el éxito. Nos debe preocupar de que estemos en el lugar que Dios quiere, y cumpliendo Su Voluntad. Por eso, el relato de los héroes de la fe, el capítulo once de la epístola a los Hebreos termina: De los cuales el mundo no era digno.[6]

Así que, si queremos tener un ministerio de éxito, ya sabemos cómo iniciarlo: despojándonos del peso de pecado que las cosas materiales poseen. Quitemos todas aquellas cosas materiales a las que nos hemos atado, las que siempre llevamos con nosotros, las que nos dolería perder. Tengamos solamente lo necesario y nos llenemos de cosas innecesarias. El éxito en Jacob comenzó cuando él se despojó aun de propiedades de uso personal diario. Descubrió la liberación de las cosas materiales.

Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Beth-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina, que estaba junto a Sichêm. 5 Y partiéronse, y el terror de Dios fué sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob. Génesis 35:2-5

Como Ministros de un nuevo pacto no debemos embarazarnos de los negocios de la vida, nos conviene estar en los negocios de nuestro Padre Celestial.

Comencemos a entregar hoy mismo, recordemos que más bienaventurada cosa es dar que recibir.[8]

 

Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

[1] Marcos 10:21

[2] Hebreos 11:25

[3] Daniel 1:15

[4] Daniel 1:19

[5] Lucas 4:6

[6] Hebreos 11:38

[7] Génesis 35:2-7

[8] Hechos 20:35

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