Es pues la fe la sustancia (υποστασις) de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven. Hebreos 11:1

(1) La fe es una virtud espiritual, no pertenece al plano humano. Procede de Dios, es el Creador quien la otorga al hombre. El hombre no puede generar fe por sí mismo, el hombre que opera en fe, o que asegura tenerla, es porque la ha recibido de Dios quien la depositó en su interior.

Los conceptos populares difundidos por los medios religiosos califican la fe como una consecuencia natural de la convicción humana, producto de su conciencia ante la realidad divina; sin embargo las Escrituras claramente estipulan que no es de todos la fe.[1]

El apóstol Pablo es contundente indicando que en la vida en Cristo nada se obtiene por obra humana, para evitar que la gloria le sea quitada a Dios y sea desviada hacia el hombre. No importa lo que el hombre pueda hacer para producir fe, no puede actuar en ella sin la intervención divina. Pablo establece tajantemente que lo que el hombre tiene viene de parte de Dios.

Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8,9

Los evangelios registran en la enseñanza de Jesús que hay épocas de tiempo, y aun regiones, donde la fe escasea. El evangelio de Lucas registra que una de esas épocas es precisamente la época previa al retorno a la tierra de Jesús: Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?[2]

En cuanto a regiones y generaciones donde sus moradores carecen de fe, ya desde el tiempo antiguo había quedado registrado.

Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, Veré cuál será su postrimería: Que son generación de perversidades, Hijos sin fe. Deuteronomio 32.20

Les dirás por tanto: Esta es la gente que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni tomó corrección; perdióse la fe, y de la boca de ellos fue cortada. Jeremías 7:28

Es importante entender el valor espiritual de la fe porque pese a nuestra devoción por Jesús, hemos actuado arrogantes creyendo y argumentando que el creer racional y lógico ha sido la base de la fe que sustentamos; y peor aún, hemos permitido que nuestras convicciones se fortalezcan de un humanismo filosófico más que de la dependencia sobrenatural del Dios Eterno, Todopoderoso.

(2) La fe es única y exclusiva de una persona que ha establecido vínculo de comunión con Dios. Las Escrituras claramente establecen la necesidad de la comunión espiritual con Dios como la condición necesaria y absoluta para recibir fe:

Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6

En la enseñanza de Jesús esta necesidad de comunión aparece presentada en términos de un nuevo nacimiento, según la enseñanza que se le presentó a Nicodemo.[3] Aparece también en términos de poseer la vida eterna, según la enseñanza al joven rico.[4] En ambas enseñanzas la necesidad de comunión es la condición para convertirse en hombres de fe.

Por eso, para el hombre de fe lo que le basta es una fe del tamaño de un grano de mostaza para operar,[5] porque el vínculo de comunión que ha establecido con Dios es quien hará que sus acciones sean amparadas por la mano poderosa de Dios. No hay una súper fe, porque ello tira por tierra que la fe proviene de Dios. Es la comunión que el hombre y la mujer han sabido establecer con el Creador lo que hace que las cosas que no son, sean hechas.

Moisés le explicó al pueblo que la razón de por qué Dios hablaba con voz fuerte era para que el pueblo creyera a Dios y establecieran comunión con El:

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Éxodo 19:9

El mensaje de los profetas estaba dirigido a la restauración de la comunión con Dios, perdida por causa de la presencia del culto idolátrico a Baal, o alguna otra deidad cananea.

Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josaphat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. II Crónicas 20:20

Es la comunión con Dios la base de la fe, no solo creer, pues como dice Santiago, aun los demonios creen y tiemblan.[6] La incongruencia en el relato del sermón del monte de aquellos que son clasificados como obradores de maldad,[7] solo puede ser entendido teniendo en cuenta que el creer en Jesús es apenas la puerta de entrada a la vida en Cristo, pero el propósito es establecer comunión con El. Solo quien tiene comunión con Jesús será capaz de hacer su voluntad.

(3) La fe activa opera por medio de una acción. La fe no solo es la capacidad de creer, como en muchos círculos académicos se enseña, sino más la de actuar, pues es por la acción que se mide la convicción de lo que se cree. La fe mueve a la persona en la dirección de la Palabra particular presentada por Dios. Santiago en su epístola claramente establece que la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.[8]

Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?… Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras… ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fue perfecta por las obras?… Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe….Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta. Santiago 2.14-26

El creer es importante, pues la incredulidad puede estorbar el desarrollo y crecimiento de la fe, pues leemos en el relato bíblico que Jesús no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos;[9] sin embargo es la acción en última instancia quien da a conocer quién es la persona que tiene y ejecuta en fe. El padre de la fe, como se le conoce a Abraham, se caracterizó porque su fe consistió en que pese a lo absurdo y ridículo de las demandas que se le presentaron, se movió en la dirección de lo que se le pidió, y creyó aun en esperanza contra esperanza.[10]

Así que, si a Abraham le fue contado por justicia,[11] y su justicia es acción ante la Palabra de Dios, y dado que la Palabra establece que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham,[12] quiere decir que la fe se evalúa por la capacidad de moverse en la dirección de la Palabra y no solo por creerla.

Pero, ¿para qué nos sirve la fe?

La mayoría de los que confesamos la fe en Jesús tenemos el concepto —erróneo— de que la fe nos sirve para pedir, para hacer posible que se materialice aquello que estamos pidiendo, o necesitando. Para hacer que las cosas que no son, sean hechas.

Es un concepto falso porque las Escrituras claramente establecen que a pesar de que los lirios del campo no trabajan ni hilan; Dios la viste así,[13] y se destaca con ello de que Dios está obligado a vestirnos sin necesidad de que le pidamos. En el texto se destaca la pregunta confrontativa: — ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

La fe no nos fue dada, ni está en este mundo como herramienta espiritual para pedir, o para materializar las cosas, está para operar según Dios en la ejecución de sus propósitos.

(1) La fe nos sirve para entender a Dios, para leerlo, para interpretarlo, para saber qué es lo que Él quiere que hagamos. La fe es la capacidad espiritual de interpretar y entender a Dios. Solo los que saben entender a Dios hacen y están dispuestos a ejecutar lo que Él les demanda.

La epístola a los Hebreos estableció el principio espiritual de que sin fe es imposible agradar a Dios. Este principio nos demuestra que solo es posible agradar a alguien cuando se entiende lo que la otra persona quiere. Juan lo estableció de la siguiente manera: Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.[14] La razón de por qué el Padre tuvo complacencia de Jesús, fue precisamente porque El siempre hizo lo que al Padre le agradaba.[15]

La fe es una capacidad que solo la logran aquellos que toman tiempo para entender a Dios. La principal queja de Dios es precisamente la presencia de gente que estuvo expuesta a Dios, pero que nunca desarrollaron la capacidad de entenderlo.

Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Salmo 95:10

A causa de lo cual me enemisté con esta generación, Y dije: Siempre divagan ellos de corazón, Y no han conocido mis caminos. Hebreos 3:10

El propósito de las Escrituras es para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra.[16] Que el hombre conozca a Dios, y conozca su voluntad, y actúe conforme a ella.

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones; Deuteronomio 7:9

La primera fase en la instrucción de Abraham fue precisamente conocer al Dios que lo llamó. Lo observamos en la forma cómo Abraham intercede por el caso de las ciudades de Sodoma y Gomorra:

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Génesis 18:25

Un caso que merece ser destacado es el caso de Nabucodonosor, quien a pesar de ser un rey pagano e idolatra, el Todopoderoso se reveló a su vida, y el entendió a Dios.

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. 35 Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces? 36 En el mismo tiempo mi sentido me fue vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituido a mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. 37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia. Daniel 4:34-37

(2) La fe nos sirve para entender los tiempos de Dios. Pese a que muchas de las veces confesamos que no andamos en tinieblas, y que conocemos acerca de los tiempos de Dios, la realidad del caso es que una gran mayoría de los que profesamos la vida en Cristo no tenemos una clara conciencia de los tiempos que estamos viviendo.

Y no se trata de falta de enseñanza, pues como bien apuntó el apóstol Juan, la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe.[17] Aunque no sepamos en detalles acerca de fechas precisas, pues del día ni la hora nadie sabe,[18] sí tenemos la seguridad de los tiempos que estamos viviendo.

El apóstol Pablo escribió en la misma línea de Juan a la comunidad creyente de Tesalónica, que no tenía necesidad de escribirles acerca de los tiempos y de los momentos, porque con respecto al retorno a la tierra de Jesús, ellos sabían bien, que el día del Señor vendrá así como ladrón de noche. [19] Sin embargo, encontramos en otra de sus epístolas que había quienes se habían descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección es ya hecha, y trastornaban la fe de algunos.[20]

Así que, no se trata de ausencia de la respectiva enseñanza, se trata de ausencia de fe, pues la fe es la virtud espiritual de parte de Dios que nos sirve para entender acerca de los tiempos, y ser advertidos incluso de peligros que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Casos que merecen destacarse son los casos de Simeón y Ana, quienes en el tiempo de la presentación en el Templo de Jesús, según la prescripción de la ley Mosaica, estaban en el momento preciso cuando sus padres se presentaron en el Templo.

Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él. 26 Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor. 27 Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme a la costumbre de la ley, 28 Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo: 29 Ahora despides, Señor, a tu siervo, Conforme a tu palabra, en paz; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para ser revelada a los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel. 33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él. 34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal a la que será contradicho; 35 Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones. 36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad; 37 Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38 Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalem. Lucas 2:25-38

En el relato del capítulo once de la epístola a los Hebreos todos los casos de los hombres de fe que se presentan en toda esa sección, en ninguno de ellos se destaca la fe como herramienta para pedir, sino como herramienta para esperar según los tiempos que les había sido revelado por el Espíritu.

17 Por fe ofreció Abraham a Isaac cuando fue probado, y ofrecía al unigénito el que había recibido las promesas, 18 Habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente: 19 Pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió a recibir por figura. 20 Por fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas que habían de ser. 21 Por fe Jacob, muriéndose, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró estribando sobre la punta de su bordón. 22 Por fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel; y dio mandamiento acerca de sus huesos. 23 Por fe Moisés, nacido, fue escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño; y no temieron el mandamiento del rey. 24 Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón; 25 Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. 26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba a la remuneración. 27 Por fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. 28 Por fe celebró la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primogénitos no los tocase. 29 Por fe pasaron el mar Bermejo como por tierra seca: lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos. 30 Por fe cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días. 31 Por fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo recibido a los espías con paz. 32 ¿Y qué más digo? porque el tiempo me faltará contando de Gedeón, de Barac, de Samsón, de Jephté, de David, de Samuel, y de los profetas: 33 Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, 34 Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños. 35 Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección; 36 Otros experimentaron vituperios y azotes; y a más de esto prisiones y cárceles; 37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39 Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa; 40 Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros. Hebreos 11:17-40

¿Por qué si las Escrituras no destacan la fe como herramienta para pedir, nosotros tenemos que hacerlo? La razón es porque como bien apuntó en su epístola, Santiago, es porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.[21]

El caso donde se exhorta a pedir con fe, en la epístola de Santiago, es para pedir sabiduría para actuar conforme a la Voluntad de Dios. Esto es algo que las comunidades creyentes actuales tenemos que corregir.

Pastor Pedro Montoya

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

[1] 2da. Tesalonicenses 3.2

[2] Lucas 18.8

[3] Juan 3:2

[4] Lucas 18:18

[5] Mateo 17:20

[6] Santiago 2:19

[7] Mateo 7:21-23

[8] Ídem 2.17

[9] Mateo 13:58

[10] Romanos 4:18

[11] Ídem 4:9

[12] Gálatas 3.7

[13] Mateo 6.28

[14] 1ra. Juan 3.22

[15] Juan 8:29

[16] 2da. Timoteo 3:16

[17] 1ra. Juan 2:27

[18] Mateo 25:13

[19] 1ra. Tesalonicenses 5:1

[20] 2da. Timoteo 2:18

[21] Santiago 4:3

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