Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; 1ra. Corintios 2:12

Para empezar, ¿Qué es el espíritu del mundo? ¿Se trata de un espíritu real, o es simplemente un giro literario propio del estilo de escribir del apóstol?

Si se trata de un giro literario, el espíritu del mundo no es otra cosa más que la influencia de la sociedad, la filosofía de vida de una comunidad, o sencillamente la expresión religiosa de los cultos paganos de la región. Por el contrario, si se trata de un espíritu real, el asunto es más grave de lo que nos podemos imaginar, porque se trata de una fuerza demoniaca que tiene y ejerce gobierno sobre comunidades enteras.

No hay duda de que el apóstol no está haciendo uso de un simple giro literario, porque desde el momento en que en la redacción, el apóstol lo compara con el Espíritu que es de Dios: —nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios—, es porque el apóstol está identificando un ser espiritual, una persona.

No se trata de una personificación. Asegurarlo sería equivalente a aceptar el uso de un giro literario, y ya hemos descartado que el apóstol esté apelando a un estilo literario en su redacción. Por otra parte, la comparación que Pablo plantea exige que los elementos comparados sean del mismo género, y equivalentes.

En otra de sus epístolas en la que escribe en los mismos términos, lo identifica como un espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, y asegura que es un ser espiritual, y lo llama príncipe de la potestad del aire.[1]

Otros escritores también se refieren a él mostrando su característica personal. Santiago en su epístola lo presenta como enemigo de Dios: Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Solo que en la redacción de Santiago, el espíritu está tácito. Se refiere a la amistad (con el espíritu) del mundo es enemistad con Dios. Santiago advierte sobre la enajenación espiritual a la que el espíritu del mundo lleva a los creyentes, alejándolos y enemistándolos con Dios.

El apóstol Juan también identifica sus características personales. Escribe en su primera epístola: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.[2] Al igual que en los escritos de Santiago, el espíritu está tácito en la redacción. Se refiere a: No améis al (espíritu del) mundo, ni las cosas que están en el (espíritu del) mundo. Si alguno ama al (espíritu del) mundo, el amor del Padre no está en él.

Juan denuncia que el espíritu del mundo encanta a sus moradores y les ofrece beneficios que los deslumbran y los lleva a aspirar por ellos. Se observa en otra sección de su misma carta: Porque todo lo que hay en el (espíritu del) mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del (espíritu del) mundo.[3] Es claramente visible que el espíritu del mundo sumerge a los moradores de las regiones en una magia hipnótica donde los que han caído bajo su hechizo sustituyen a Dios por los elementos que los deslumbra.

El fallo que muchos maestros y predicadores de La Palabra hemos tenido, en torno al tema, es que con mundo hemos identificado un sistema social, religioso, económico, financiero e inclusive político. Hemos trabajado el tema como una personificación del mal en las cosas, y eso nos ha llevado a seleccionar de entre el mundo las cosas que son buenas de las que son malas. Claro, la selección ha sido hecha antojadizamente, según nuestras propias conveniencias, y hemos proliferado la maldad misma.

No se trata de una personificación del mal en las cosas, es un espíritu que deslumbra, enceguece y utiliza todas las cosas bajo el cielo, creadas o inventadas, para alejar a las personas de Dios. Los primeros escritores tenían claro que se trataba de un espíritu de maldad encargado de sujetar a los moradores bajo un estado hipnótico, de magia, bajo un lazo del diablo, como asegura el apóstol Pablo, cautivos a voluntad de él.[4]

¿Cómo se impone el espíritu del mundo entre sus moradores?

El espíritu del mundo está presente en casi todas las actividades diarias y cotidianas de los residentes de una región. Se imponen y se presentan en formas tradicionales, culturales y costumbristas de sus moradores. Obedecemos a él sin saberlo todos los días.

¿Acaso nunca un hijo de fe se ha sometido a San Valentín? O, ¿acaso nunca ha celebrado navidad, y ha adornado un árbol de navidad, o se maravillado por su esplendor? Son fiestas paganas, originadas sobre la base de rituales religiosos, mágicos, gnósticos y esotéricos. Rituales a todas luces apostatas que contaminan la espiritualidad de los hijos de luz.

Obsérvese, por ejemplo, la presencia de cupido en San Valentín, el dios del deseo dentro de la mitología greco-romana. La observación de esta fecha por parte de un hijo de luz compromete su matrimonio, o su relación de noviazgo, a la participación del espíritu de la fornicación.[5]

Lo mismo sucede con navidad. Una celebración que no corresponde a la fecha real del nacimiento de Jesús, pero que impone la presencia de un árbol umbroso bajo el cual se colocan regalos que provienen de la tutela de un personaje mágico. Tanto lo uno como lo otro proscritos en Las Escrituras:

Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol umbroso. II Reyes 16:4

Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol umbroso, II Reyes 17:10

Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos. Isaías 57:5

Cuando adquirimos conciencia de nuestras costumbres y hábitos, descubrimos cuán cargada está nuestra vida de la influencia del espíritu del mundo. El apóstol Juan identifica la presencia del espíritu del mundo en todos los ámbitos del quehacer humano: Porque todo lo que hay en el (espíritu del) mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.[6]

La sabiduría de un hijo de luz consiste en discernir cuánto de lo que se nos demanda hacer diariamente está influenciado por el espíritu del mundo, porque aunque hemos señalado como ejemplo dos celebraciones populares, no se trata únicamente de tales actividades, solamente.

Las actividades diarias, las expresiones populares, los negocios, pueden ser contratos de contaminación y pueden concederle derecho legal al reino de las tinieblas para atrapar y obligar a un hijo de luz a estar sometido bajo su jurisdicción.

Expresiones comerciales acuñadas para destacar un producto idolatra, no son solamente slogans, jingles publicitarios, en los labios de un hijo de luz se constituyen en contratos de servicio y esclavitud. Algunos recordaran, por ejemplo, un jarabe para la tos donde una madre terminaba diciendo: — (la marca del jarabe) y yo, cuidamos de ti. Una expresión inocente quizá, pero letal espiritualmente, porque desvía la atención de Quién cuida realmente a un hijo de luz.

Programas televisivos o radiales, de variedades, de chismes, de crítica, que acuñan expresiones que con el tiempo se colocan en los labios del pueblo, en un hijo de luz evoca el espíritu que sostiene y le da propósito al programa. En Puerto Rico fue popular el programa televisivo SuperXclusivo que se mantuvo por 13 años consecutivos, donde su personaje central, La Comay, se enfocaba en ridiculizar a celebridades y figuras populares, acuñó la expresión: —tíralo al medio. Se sorprenderían de la cantidad de hijos de luz que habían integrado esa expresión a su léxico, y aun citarlas dentro de las iglesias.

Esa expresión evocaba al chisme, y le entregaba derechos al espíritu del mundo de operar en su seno. Ahora posiblemente entenderemos la razón de porque dentro de muchas congregaciones de fe proliferó el chisme y el burlarse de las desgracias del prójimo.

Posiblemente aun leyendo esta publicación haya quienes crean, ingenuamente, que es rayar en el fanatismo los planteamientos presentados. Pero la realidad es que el espíritu del mundo ha tomado fuerza dentro las congregaciones de fe, que ha provocado que caigamos en un relajamiento espiritual, y lamentablemente, que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo.[7]

Y si a todo lo anterior le añadiéramos la influencia que el mundo de los negocios ejerce sobre las iglesias, donde en lugar del Reino de Dios en la tierra lo que se levantan son imperios de influencia, nos sorprenderíamos de cuánto terreno le hemos cedido al reino de las tinieblas. Aceites ungidos que se mercadean, que promueven sanidades; palabras que se predican y que exigen pactarse por medio de ofrendas especiales; profecías que nos hablan de que lo mejor está por venir, que en lugar de confrontarnos con nuestra lejanía del Todopoderoso nos estimulan a mantenernos en la mediocridad espiritual, son ejemplos de la presencia del espíritu del mundo dentro de nuestras vidas cotidianas.

Se hace necesario, urgente, imperativo, que las comunidades de fe despertemos de nuestro letargo espiritual, que veamos lo triste de nuestra situación de alejamiento y apostasía, que volvamos a la Palabra y la vivamos, que renunciemos al paganismo de nuestras costumbres y nos arrepintamos, para que la restauración predicha por los profetas del tiempo antiguo y predicada por los primeros apóstoles venga en nuestro tiempo.

Que el Dios clemente y misericordioso avive su obra en nosotros, haga resplandecer a los entendidos, y de entre los huesos secos haga resurgir a su ejército.

Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Juan 12:31

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 1ra. Juan 5:5

 

Pastor Pedro Montoya

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[1] Efesios 2:2

[2] 1ra. Juan 2:15

[3] 1ra. Juan 2:16

[4] 2da. Timoteo 2:26

[5] Oseas 5:4

[6] 1ra. Juan 2:16

[7] Isaías 5:20

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