Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? 14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy? 16 Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos. Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Mateo 16:13-18

¿Qué significa esta frase? ¿A quién se aplica? ¿Me es pertinente para mi relación con Dios?

Es en el relato del evangelio según Mateo donde aparece en exclusividad esta declaración, y aparece conferida a Pedro como una primicia de lo que significaría para la iglesia la necesidad de reconocer el señorío de Cristo.

Es claro en el relato la intención de la pregunta inicial. Jesús pretende descubrir entre sus discípulos el grado de revelación que han adquirido a lo largo de casi tres años completos que ha caminado con ellos. La exclamación de Jesús, —Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos, vino justamente tan pronto Pedro había expresado su reconocimiento de quien era Jesús para él: — Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Hasta ese momento Jesús había sido aceptado entre el pueblo como profeta[1], de la talla de Jeremías y Elías, inclusive aun mayor, como un juan el bautista trascendiendo sobre la muerte.[2] Pero tal reconocimiento no bastaba, ni abonaba, para recibir la bienaventuranza de que su conocimiento sobre la persona de Jesús había sido revelado por el Padre.

El señorío de Cristo es el tema central del Evangelio del Reino, y de la existencia de la iglesia. No existe reino sin el reconocimiento del señorío de Cristo. No existe iglesia si dentro no se predica sobre el señorío de Cristo.

Reconocer el señorío de Cristo es necesario, imprescindible, de ello depende que las puertas del infierno no prevalezcan contra ella (la iglesia).

No solo se trata de aceptar su divinidad, sino también su señorío. El tema de discusión de los profetas del Antiguo Testamento, que denunciaban la maldad de un pueblo que invocaban a Baal, Ashterot o Ashera, de la misma forma como invocaban y ofrecían a Jehová, se vuelve en el tema principal del Evangelio del Reino. No solo se trata de reconocer la deidad de Jesús, sino sobre todo, el estar dispuestos a someterse a su señorío.

Jesús es el Jehová del Antiguo Testamento que hoy reclama, exige, demanda, y predica, el sometimiento a su señorío como requisito para establecer reino, y abrir iglesia, pues de lo contrario, ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.[3]

No entender la continuidad del mensaje profético, no solo es caer en los errores del pasado, sino más, el perder el privilegio de recibir la revelación del Padre: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.[4]

Sobre esta piedra edificaré mi iglesia. La piedra es una revelación del Padre. El reino de los cielos se establece sobre una revelación, la revelación del señorío de Cristo. Se ingresa al reino, se establece iglesia, cuando una persona recibe la revelación del señorío.

Llegar a este punto de mi escrito me impacta, porque inmediatamente viene a mi espíritu el fallo en que muchos predicadores hemos incurrido, de no predicar acerca de la necesidad de reconocer y someterse al señorío de Cristo. La cantidad de personas que viven confesando la deidad de Jesús: —Jesús es el hijo de Dios; pero que no han sido capaces de vivir bajo su señorío. No les ha sido revelado, pero en buena parte se debe a que quienes nos han enseñado no se han ocupado por predicarnos la necesidad de someternos a al señorío de Cristo.

Sobre esta piedra edificaré mi iglesia. La piedra es una palabra de fe. Cuantas voces circulaban por la regiones acerca de quién era Jesús, ellos mismos las citaron ese mismo día: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, o alguno de los profetas. ¿Por qué ir contra lo que todos dicen? ¿Qué fue lo que hizo que Pedro se atreviera a opinar una definición diferente? No fue su impulsividad nata lo que lo hizo saltar de su silla para opinar, fue su fe. Por eso aquella noche de la traición, Jesús se ocupó de rogarle al Padre de que la fe no le faltara cuando Pedro fuera zarandeado por Satanás.[5]

Se ingresa al reino, se establece iglesia, cuando una persona habla palabra de fe, cuando se ocupa de establecer y declarar la fe como estilo de vida, no solo como el recurso útil y necesario para obtener un bien o beneficio cuando estamos en necesidad.

Hablar fe es el lenguaje del Reino. Hablamos el lenguaje del Reino cuando no permitimos que se establezca la magia de la temporada como el incentivo de la vida; cuando impedimos que las probabilidades de la economía sigan imponiéndose como la razón de la bendición; cuando decidimos no depender más que de lo poco o nada que nos queda en la alacena.

Cuantas personas viven a expensas de las épocas, de las temporadas, del ambiente, de los pronósticos, de los rumores, estableciendo con ello, sin percatarse, un reino de tinieblas, de desgracia, de destino.

Sobre esta piedra edificaré mi iglesia. La piedra es por lo tanto también un acto de fe, porque como se establece en la epístola de Santiago, la fe es muerta en sí misma si no tuviere obras,[6] quiere decir entonces que la fe es un acto, una acción. De lo contrario, ¿cómo se puede explicar que todo lo que no es de fe, es pecado?[7]

La fe no es una virtud teologal, es la esencia del Espíritu, la naturaleza misma de Dios que llama las cosas que no son, como las que son.[8]

Se ingresa al reino, se establece iglesia, cuando la persona ejecuta un acto de fe. Las convicciones internas se hacen visibles a través de actos de fe. No se trata de hacer por hacer, es mostrar en lo visible las convicciones que sustentamos, o la credibilidad que la Palabra nos otorga al movernos en ella.

Los actos de fe van en contra de lo que las circunstancias nos parecen decir. La viuda de Sarepta ejecutó un acto de fe cuando le entregó todo lo que tenía al profeta Elías.[9]

Los actos de fe se imponen aun sobre la opinión de los que nos rodean. Los discípulos nunca cedieron ni se dejaron amedrentar por las amenazas de castigo o persecución. Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.[10]

Por mi posición de ministro del Evangelio del Reino y pastor del Señor, veo necesario exhortar acerca del rumbo de nuestras vidas cristianas, y de la forma de establecer Reino, y abrir iglesia, que actualmente hacemos.

Encuentro un riesgo en la forma de cómo hasta hoy, en occidente, establecemos Reino, y abrimos iglesias. Encuentro que la forma utilizada en nuestros días se presta para multiplicar una teología apostata, no bíblica, no espiritual, desechada por completo de Dios. Encuentro necesario revisar nuestra teología cristiana porque mucho de ella no es cristocéntrica. Lo podemos ver claramente independiente del entorno que escojamos.

En el mundo entero se están levantando doctrinas y teologías radicales que persiguen al cristianismo, sin embargo la gran mayoría de los cristianos actuales de occidente estamos viviendo a la sombra de la magia de la navidad, practicando y multiplicando costumbres paganas, y clasificándolas como cristianas, convirtiéndolas en tema de enseñanza para nuestras generaciones.

Vivimos predicando y persiguiendo sueños personales. La casa de nuestro sueño, el carro que nos merecemos, las metas que debemos alcanzar; y lo peor, usando el Evangelio como la materia prima para lograrlos.

Con gran preocupación debemos de ver el surgimiento de ISIS y su teología apocalíptica. No solo se trata de grupos terroristas, son grupos que responden a una religión que está presente en la forma de vida de quienes la confiesan. Mas que religión es el modo de vida de sus habitantes. Su práctica obedece a lo que en su libro sagrado ha sido escrito desde siglos atrás. Creen en ella, viven por ella y para ella, y dan su vida por tal de que se establezca en el mundo entero.

Esta teología apocalíptica está siendo exportada a occidente, y reclutadores han salido para formar un ejército de hombres y mujeres, escogidos según ellos, para llevar a cabo los planes de establecer sobre todo el mundo su reino, y su mesías.

Se hace necesario redescubrir nuestra formación bíblica, cristocéntrica, porque en los próximos años seremos confrontados y cuestionados en nuestra fe, y si no tenemos la suficiente preparación, daremos lastima. No olvidemos que Jesús nos advirtió del riesgo que corren aquellos que siendo escogidos no tienen aceite en sus lámparas justamente cuando se necesita: allí será el lloro y el crujir de dientes.

[1] Mateo 21:46

[2] Ídem. 14:2

[3] Lucas 3:9

[4] Mateo 7:21

[5] Lucas 22:31,32

[6] Santiago 2:17

[7] Romanos 14:23

[8] Romanos 4:17

[9] I Reyes 17:10-14

[10] Hechos 5:29

pastor Montoya

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Le invito a adquirir nuestros libros y a aportar en este ministerio: www.ministerioscristorey.com

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