¿A quien le gusta sufrir? Si ustedes me preguntan, mi respuesta es, no.. no me gusta sufrir, y si fuera posible, quisiera el sufrimiento lo más lejos posible.

¿Por qué sufrimos? ¿Tiene el sufrimiento un valor espiritual que desconocemos? De niño escuchaba expresiones de mis mayores, — ¡Qué mucho me tocó a mi sufrir!, y casi con ello se asociaba la idea de castigo, y aún hasta de maldición. Así que crecí creyendo que el sufrimiento era una especie de maldición de Dios sobre unas personas, y que de allí en adelante sus descendientes la recibían por heredad.

No fue sino hasta que crecí y comencé a estudiar las Escrituras que me percato que el sufrimiento estuvo presente también en hombres y mujeres que dedicaron y consagraron sus vidas al servicio del Señor, y fue entonces cuando advierto que el sufrimiento tiene una capacidad espiritual que va más allá de la simple contemplación.

El apóstol Pablo dirigiéndose a los ancianos de Efeso les enseñó que es necesario que por muchas tribulaciones entremos en el Reino de Dios. (Hechos: 14. 22). Estas palabras establecen un nexo entre el sufrimiento, el dolor, la tribulación, y el Reino de Dios; así que sí, hay un valor espiritual en el sufrimiento que abre y extiende a la persona que soporta el sufrimiento una dimensión espiritual de revelación y comunión divina.

El apóstol Pedro identifica en el sufrimiento la activación de la Gracia de Dios: Porque esto es debido a la gracia, si alguno a causa de la conciencia que tiene delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. (1ra. Pedro 2:19).&nbsp.

No con ello debemos entender que el que sufre recibe la Gracia por compensación, más bien significa que es más fácil encontrar a Jesús en el sufrimiento que en la felicidad, porque ese fue el camino propuesto por Jesús para cumplir la voluntad del Padre. Los siguientes textos lo confirman:

Puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe, Jesús, el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió el madero, menospreciando la vergüenza, y fue sentado a la diestra de Dios.

– Hebreos 12:2.

Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará;

– 2da. Timoteo 2:12.

El otro beneficio espiritual que se activa con el sufrimiento, según el mismo apóstol Pedro, es la FE:  En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,  para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual perece, mas sin embargo es probado con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesús, el Cristo, fuere manifestado; (1ra. Pedro 1:6, 7).

La fe es una expresión espiritual de revelación, porque no de todos es la fe (2da. Tesalonicenses 3:2), y ésta es activada única y exclusivamente a través del sufrimiento.

¿Cómo es posible que el sufrimiento active la FE? Me parece que la mejor respuesta la encontramos en el relato de la negación de Pedro: mas yo he rogado por ti que tu fe no falte. (Lucas: 22:32).
El sufrimiento hace que el hombre se vuelque a Dios, y clame a EL por su intervención. Sólo el hombre que tiene FE puede clamar a Dios; así es cómo es implantada en la persona la FE necesaria para clamar a Dios.

En el Antiguo Testamento hay también una respuesta adicional que juntamente a la anterior nos da un panorama completo: Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, (Deuteronomio: 8:3), y de forma similar: Y les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la piedra; (Nehemías: 9:15). En otras palabras, el sufrimiento en el desierto a través de hambre y sed fue precisamente para ver a Dios como proveedor de pan y agua. Estos pasajes nos aseguran que en el sufrimiento está presente además, la voluntad de Dios.

Sufrir, entonces, no es castigo ni maldición, es el recurso de Dios en beneficio de aquellos que han recibido la virtud de la salvación, para activar la revelación de un Dios Todopoderoso, que salva, que liberta, que prospera, que no depende de las circunstancias para manifestar su Poder.

La próxima vez que nos toque sufrir, no nos quejemos, estamos a las puertas de un nuevo escenario de revelación de SU Gracia, .. y al final seremos más fuertes en la FE.

Pastor Montoya
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