Génesis 2:18-23
18 Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno.19 Y fué la tarde y la mañana el día cuarto.20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.21 Y crió Dios las grandes ballenas, y toda cosa viva que anda arrastrando, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie: y vió Dios que era bueno.22 Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra.23 Y fué la tarde y la mañana el día quinto.”

Sociedades Bíblicas Unidas: Reina-Valera 1909; Biblia Reina-Valera 1909; La Santa Biblia : Versión Reina-Valera 1909. Sociedades Bíblicas Unidas, 1909.; 2003., S. Gn 1.18

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él“.

Vayomer Adonay Elohim lo-tov jeyot ha’adam levado e’eseh-lo ezer kenegdo.

La pregunta que debe dirigir la disertación es: ¿Por qué no es bueno que esté solo?. La mayoría de los comentarista opinan que era porque el hombre no fue creado para que viviese en la soledad; sin embargo, esta afirmación se queda corta y no llena todas las inquietudes respecto de la pregunta, porque surge de un escenario donde el hombre ha podido comparar y reconocer la necesidad de compañía, surge de la mente de quien conoce lo que es relación humana y del subsecuente desarrollo del concepto sexual y matrimonial. Pero en el escenario único de Adam donde él es incomparable, la soledad no tiene explicación ni lugar. ¿Qué podría responder Adam ante la pregunta extrañas compartir con otra persona, si hasta ese momento no había conocido a nadie de su genero?

No podemos decir que era porque Adam se sentía sólo, se siente sólo quien ha estado acompañado previamente y ha perdido esa compañía. La necesidad de ella sólo podría ser definida posterior a la creación de la mujer –y luego de la desobediencia de ambos– porque la soledad es un sentimiento resultado del vacío que dejó la ausencia de la presencia de Dios. En el estado de inocencia de Adam no cabía la posibilidad de que él resintiera esta situación. Definitivamente que no era la soledad lo que motivó la declaración de no es bueno que el hombre esté solo. Adam tenía a Dios con quien compartía, su presencia alejaba cualquier insinuación de soledad, y dado que la necesidad de ayuda idónea no surge de la mente de Adam, podemos entender que éste estaba cómodo con su estado actual. Por otra parte, Adam tampoco conocía sobre la realidad sexual, y todo lo que conlleva la experiencia consensual entre un hombre y una mujer, como para insinuar que era porque necesitó complementar su interacción sexual.
La declaración surge en el corazón de Dios, eso significa que Dios al declarar que no es bueno que el hombre esté sólo, lo hace porque El está considerando otorgarle a Adam un atributo que sólo no lo podría manejar adecuadamente, que sería necesario que tuviera una ayuda idónea que compartiera la responsabilidad de él para desarrollar aquel beneficio surgido de la mente de Dios. El detalle de lo que la pareja recibió después de que el hombre aceptó la propuesta de Dios es lo que nos ayudará a entender la razón del porqué no era bueno que estuviera sólo.

El libro de Génesis dice: “heesé lo ezer kenegdó” (Génesis 2:18), y luego: “lo matzá ezer kenegdó” (Génesis 2:20), refiriéndose a los términos utilizados para definir la declaración de Dios. El primer término –Ezer– significa, ayuda. El uso de la palabra ezer en el Antiguo Testamento muestra que en la mayoría de los casos Dios es un ezer a los seres humanos, lo que nos obliga a preguntarnos si la palabra ayuda idónea es una interpretación válida al ezer hebreo en el contexto que se utiliza para referirse a la mujer.

La palabra ezer aparece veintiun veces en el Antiguo Testamento, 2 veces se utiliza para referirse a la mujer, y 14 veces para referirse a Dios. En muchos de los pasajes, se utiliza en paralelismo con palabras que denotan fuerza, poder o energía. Algunos ejemplos son:

No hay como el Dios de Jeshurun, Montado sobre los cielos para tu ayuda, Y sobre las nubes con su grandeza.” (Deuteronomio 33:26)

Bienaventurado tú, oh Israel, ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová, Escudo de tu socorro, Y espada de tu excelencia? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas..” (Deuteronomio 33:29)

Alzaré mis ojos a los montes, De donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” (Salmos 121:1,2)

Oigate Jehová en el día de conflicto; Defiéndate el nombre del Dios de Jacob. Envíete ayuda desde el santuario, Y desde Sión te sostenga.” (Salmos 20:1,2)

Nuestra alma esperó á Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.” (Salmos 33:20)

Oh Israel, confía en Jehová: El es su ayuda y su escudo. Casa de Aarón, confiad en Jehová: El es su ayuda y su escudo. Los que teméis á Jehová, confiad en Jehová: El es su ayuda y su escudo.” (Salmos 115:9-11).

Por lo tanto, podríamos concluir que Génesis 2:18 puede ser traducido como:

Le haré un poder (fuerza o socorro) que sea digna de estar al lado del hombre.

Esta línea de pensamiento es confirmada por la declaración de Génesis 2:23, en donde Adám declara de Eva: “.. Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.” El sentido idiomático de esta frase hueso de mis huesos es similar a la de un pariente muy cercano, a uno de nosotros, o mi otro igual. La mujer nunca significó para Dios un ayudante del hombre. Sería su otro igual con quien manejaría adecuadamente los beneficios que Dios estaba próximo a otorgarles.

Nos resta nada más entender cómo debemos concebir el otro término hebreo, nos referimos a kenegdó. Kenegdó aparece en el Antiguo Testamento exclusivamente para definir la ayuda que Dios estaba pensando para el hombre, no es posible contrastarlo con otros usos dentro del mismo texto bíblico, por lo que generalmente se traduce como “idónea”, pero literalmente es: “frente a él”, o “enfrentada a él”, o “en su contra”.

La palabra kenegdó califica a ezer, y la palabra refleja más que un significado etimológico, un sentido de propósito; en ese contexto kenegdó refiere qué clase de ayuda es la que tendrá el hombre. Dado que la palabra tiene dos significados, ambos contrapuestos el uno al otro, no es posible hacer una traducción literal del término porque en español no tenemos una palabra que refiera ambos significados juntos, y no podemos usar un sentido y descartar el otro porque ello dejaría coja la interpretación.

Los rabinos hebreos explican que kenegdó adopta el sentido que las actitudes y las acciones del esposo le otorgan, así por ejemplo si sus acciones son acordes al propósito declarado en la visión que Dios les ha otorgado como familia, la mujer se convierte en la ayuda que anima, añade confianza y esfuerza a su marido; en cambio, si el hombre pierde esa visión, la mujer se volverá contra él y le recriminará su actitud y acción, y le conminara a adoptar aquellas decisiones que le hagan volver a encontrarse en la ruta correcta. En ambos casos, frente a él o en su contra, ella es un ezer que busca que el hombre cumpla sus propósitos.

Un cuadro típico de esta situación la ofrece la situación de Abraham frente a la demanda de Sara, su mujer, de tomar acción ante el maltrato y humillación que Aghar representaba ante la opinión del clan. La actitud de Aghar establecía una mala enseñanza a Isaac, y podría traer eventualmente una rebelión entre todos los que cohabitaban con ellos, Sara demanda que Abraham expulse a Agar e Ismael del clan, Abraham se resiste a la idea hasta que Dios le ordenó seguir los consejos de Sara. El mismo cuadro pintan la situación de Isaac y Rebeca cuando Isaac decide otorgar la bendición a su primogénito, Rebeca percibió que su hijo Essau no era digno de recibirla, sabe que quien debe recibirla es Jacob así que envió a Jacob en una misión para engañar a su padre y recibir a cambio la bendición de primogénito.

Ambos casos presentados nos reflejan diferencias profundas, y posiblemente hoy en día habrá quienes crean que se trataba de hogares disfuncionales. La forma cómo las Escrituras les presentan como los fundamentos de un pueblo fuerte muestra por el contrario que ambas mujeres fueron las ayudas idóneas que Dios les había presentado a estos hombres, para asegurarse a sí mismo que la encomienda de ambos la habrían de cumplir.

Así, siguiendo este orden de ideas, la traducción de Génesis 2:18, sería:

Le haré un poder (fuerza o socorro) que sea digna de estar al lado del hombre, para que lo esfuerce a continuar con sus propósitos, y que le corrija cuando se salga de estos.”

pastor Montoya

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2 comentarios en “No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él.

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